AQUELLOS AÑOS (2)


Continúo con los festivales taurinos. Ya se han publicado en el blog algunas fotos de festivales: 



Pero lo que vais a ver a continuación, va un poco más allá. Se trata de un reportaje aparecido en el semanario El Ruedo el día 3 de noviembre de 1964. En él que se habla de la importancia de los mismos y de la predisposición de los toreros por colaborar en toda acción solidaria que les sea requerida, a pesar del riesgo que hay ello.

En el reportaje no aparece al autor del mismo, por lo que supongo que corresponde a la redacción del semanario. Lo que si pone es el autor de las fotos, al cual ya conocemos en el blog sobradamente, ¿verdad?

Las fotos, corresponden a la novillada celebrada en Albacete el día 25 de octubre de 1964 a beneficio del Asilo de Ancianos de San Antón y organizada por Radio Albacete. Los novillos correspondieron a la ganadería ciudadrealeña de los Hermanos Frías para los diestros: Pedrés (Vuelta al ruedo), Juan Montero (Una oreja), José Gomez Cabañero (Una oreja), Luis Montero (Ovación), Joaquín Ruiz Brihuega (Palmas).


Un grupo de toreros dispuestos para el paseíllo en un festival. No citamos aquí sus nombres, porque no los traemos como noticia, sino como representación de esta torería española que en cuanto soplan las primeras ráfagas de cierzo y advierte el tufillo de las castañas asadas inicia su temporada de novilladas benéficas. Muchas cosas tiene el toreo que lo ennoblece. Pero una de las más significativas, más bellas, es esta generosa entrega a las obras de caridad en beneficio de los humildes. Los toreros, sensibles al dolor, muy humanos en sus reacciones, no rehúyen nunca el riesgo si con él pueden hacer el bien. Gran descargo de otras culpas en que con frecuencia incurren, porque, ¿Cuántas veces una novillada benéfica ha supuesto la cogida, el dolor y el contratiempo económico de un torero?
Aún es más hermoso este sentido de caridad –del que tan necesitado estamos los cristianos españoles- cuando ésta no termina con la faena en el ruedo, sino que se prolonga en la visita a “las hermanas”. Estampa muy repetida en la literatura y en el cine españoles esta de las monjitas y los toreros: parece que ambos son dos mundos opuestos, contradictorios, pero lo cierto es que se encuentran con frecuencia: no en los hospicios –como héroes tópicos de famosas novelas- sino en las clínicas, en los hospitales, en los asilos de ancianos. Los toreros saben que al volver del cloroformo siempre sonríe, entre lágrimas familiares, un rostro enmarcado en blancas tocas. Saben de pobrezas pasadas. Y de necesidades actuales. Y de cosas del espíritu. Por eso truecan gozosos el beneficio económico del festival por una estampita que unirán –tal vez- al altar portátil que conoce sus miedos.
La faena queda completa con la visita a los beneficiarios del gesto rumboso y torero. Ya no se trata de fotos para la fama en el ruedo, ni para cumplir trámites de relaciones públicas: estamos en el lugar en que los toreros llegan al momento más bello de toda la Caridad; al momento de entregarla con una sonrisa amiga, con un temblor en la mano hermana. Las viejecillas dicharacheras pasan un rato feliz viendo a los toreros, esos héroes inasequibles de los ruedos lejanos a los que –tal vez- alcanzaron a ver en la televisión. Después comentarán: “¡Que chico más sencillo y más campechano! ¡Pues no me ha dicho que estoy guapa como para presidir una corrida y que como vaya me brinda un toro…!” Siempre hubo en los toreros clásicos –y es tradición que no corre riesgo por ahora- un sedimento humano de gran profundidad: una palabra afable para el que la necesita; un gran corazón, en suma. 
Fotos Mondéjar.- Pertenecen a la benéfica que se celebró en Albacete en que tomaron parte los matadores “Pedrés”, Cabañero, los hermanos Montero y Brihuega, a beneficio del asilo de ancianos de la localidad.
Pagina del semanario El Ruedo en la que aparece el artículo que os he mostrado.
Fuente: Biblioteca Digital de Castilla y León

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