FERIA TAURINA DE MUNERA, DE BUEN AMBIENTE Y MEJOR SOLERA


Como reza el titular de hoy, describe el cronista albaceteño Demetrio Gutiérrez Alarcón el termino de su columna, la feria de Munera:
  • La novillada pasó en un suspiro. Cuando todo va bien, como ayer en Munera, el espectáculo se abrevia, con lo que ya gana mucho.
En nuestro habitual viaje al pasado junto con las fotos de mi padre, hoy nos trasladamos de nuevo hasta esta localidad albaceteña, que con algo más de 3.700 habitantes y gran tradición taurina. No en vano, cuenta con una Plaza de Toros con más de 100 años de antigüedad. Construida en 1913 por el vecino Don José Antonio Fornés y costeando los gastos en su totalidad, realizó una original Plaza para aquellos tiempos, al ser cuadrada por fuera y redonda por dentro. Todo el mundo aportó su granito de arena, pues incluso el propio AROJA sería el encargado de la impresión de las entradas para la corrida de inauguración, desde su México de adopción. (http://www.munera.es)

Siendo las de hoy de la ya nombrada localidad de Munera, no puedo dejar de repasar el libro que amablemente me regaló Graciano Jiménez Moreno, Historia Taurina de Munera, y en el que como no podía ser de otra manera, he encontrado todo tipo de detalles sobre la novillada con picadores que vamos a ver. Al tener tanta información sobre este carrete, que por cierto está completo a pesar de solo estar las fotos de los tres primeros novillos, y para no hacerme demasiado extenso, os lo mostraré dos veces.

Manuel Morales, Eusebio de la Cruz, Pedro Fornés y Julián García.

El festejo del día 23 de septiembre de 1968, comenta Graciano en su libro, presentaba una curiosa novedad. Aunque en esta Plaza ya habían tenido lugar las primeras novilladas con picadores en la feria de 1920, esta era la primera vez que se celebraba aquí, un festejo de esta categoría. Seis novillos y tres matadores, Eusebio de la Cruz, Julián García y Manuel Morales. Todos ellos cortaron trofeos, pero fue el último, que hacía su presentación con picadores, quien tuvo el triunfo mayor, al serle otorgadas cuatro orejas y un rabo.

Eusebio de la Cruz, Julián García y Manuel Morales.


El Crítico taurino Enrique Moratalla junto a Manuel Morales.

Manuel Morales, preparado para el paseillo de su paso al escalafón superior.


EUSEBIO DE LA CRUZ
Pondría mucho empeño Eusebio de la Cruz para complacer al publico que acudió al coso.


Con el capote gana los aplausos primeros de cada una de sus faenas; por verónicas en el que abre plaza; con una larga afarolada de rodillas el cuarto. Y emoción cuando echa las rodillas al suelo y ejecuta hasta seis muletazos por alto que llevan la angustia a los tendidos.



Se la juega Eusebio, que luego interpreta admirablemente el natural, el pase en redondo, el de pecho, y mata superiormente de media estocada.

 Se le otorgan las dos orejas por unanimidad, y hay vuelta a la redonda entre parabienes.


El cuarto llegó crudo a la muleta. Le faltó puyazo, y el torito pasó con fuerza y con genio, volviéndose rápido, incómodo, impertinente, sin dejarse burlar.

Valiente, con ganas, faena variada, poniendo en juego todos sus recursos aprovechando todas las posibilidades. El estoque le hace una mala pasada, pues antes de la estocada pincha tres veces, y luego tiene que descabellar.

La oreja que se lleva, ante unas discrepancias, la rehúsa, y da la vuelta al ruedo siendo ovacionado.

JULIÁN GARCÍA
Con el segundo de la tarde, pone un matiz de originalidad, que tiene el regusto antiguo, cuando instrumenta dos muletazos sentado en una silla.


El novillo va mejor por el lado izquierdo, y le avisa en un derechazo. Naturales, por tanto; con empaque y valor, corriendo la mano, para cerrar con el de pecho. Los olés continúan cuando termina las tandas con la zurda y echa la muleta arriba en giraldillas. Pinchazo, estocada y descabello. Las dos orejas para Julián García, justo premio a su labor. 


Al quinto le colocaron dos varas magníficas; el público, que siente una aversión innata por los varilargueros, no tuvo inconveniente en aplaudir la suerte.

 Todavía le falta un picotazo, por lo menos, y la consecuencia es que el astado no deja reposar, con su ímpetu fogoso.


La faena es eficaz, y rápida la muerte, con la estocada arriba. Vuelta al ruedo.

Este fue el resultado de los dos primeros novilleros, según la crónica del periodista Demetrio Gutiérrez Alarcón, que en esta ocasión no utilizó el seudónimo de Reverte, y que se publicara en el diario La Voz de Albacete, y cuyo texto he recopilado del libro de Graciano Jiménez, Historia Taurina de Munera.

Dejamos para la semana que viene, las fotos del debut con caballos del tercer novillero, Manuel Morales, así como su crónica.

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