JOAQUIN DE FAURA, UN TORERO DESAPROVECHADO


Por Pedro Belmonte.

Cuando digo que Joaquín de Faura fue un torero desaprovechado, me refiero a que un diestro con la clase, hondura y clasicismo que demostró en los ruedos y que no se prodigase por las plazas, ni como novillero ni como matador, es algo que nos quedará a todos nosotros en nuestro debe, pues han circulado por los circuitos nacionales otros matadores, que no de Albacete, con muchos menos méritos taurinos y que no le llegaban al desaparecido Joaquín ni a la suela de los zapatos. No fue torero de polémicas, se conformó con lo que le tocó en la vida, jamás se le oyó ni una mala palabra ni resentimiento hacia este mundo al que quiso siempre, teniendo la suerte los más allegados de poder verlo torear en alguna ganadería de confianza, donde no le quitase ni un muletazo al que quería ser torero.

Ha muerto muy joven, demasiado pronto, porque todavía le quedaban cosas que disfrutar, sobre todo de sus amigos y su familia y nos ha dejado a los que le conocíamos buscando por todos sitios aquella sonrisa franca y el buen humor que no perdió ni en los momentos más difíciles de su vida.
Su biografía taurina no es muy amplia pero si dejó su impronta de buen torero todas las tardes en las que se vistió de luces. Nació en la localidad valenciana de Requena el 2 de mayo de 1959, por lo que contaba con 55 años de edad, trasladándose desde muy joven hasta Albacete, considerándose siempre albaceteño y como torero de Albacete lució por toda la geografía española. Debutó de luces en la ciudad vizcaína de Orduña el 8 de mayo de 1975 para, tras dos temporadas sin caballos, debutar con los del castoreño en la plaza de Bilbao, presentándose en la feria valenciana de Fallas en la temporada siguiente, donde alternó con Manolo Sales y el malogrado Nimeño II. Durante su etapa de novillero con picadores actúa en la plaza de toros de Albacete junto a Antonio Perea y Manuel Cuenca, con novillos de Amparo Mora, y en otras como Casas Ibáñez, junto a Maribel Atienzar y Manuel de Paz con reses de Carreros, donde corta los máximos trofeos a uno de sus enemigos y se presenta en Las Ventas de Madrid el 4 de mayo de 1980 junto a Andrés Blanco y Luciano Núñez con utreros de Tabernero Hernández. Toma la alternativa en Albacete el 16 de septiembre de 1985, de manos de Dámaso González y Roberto Domínguez de testigo con el toro Bohemión del hierro de Ramón Sánchez, cortando una oreja de cada enemigo y saliendo por la puerta grande. Repitió en la feria siguiente, siendo esta su última corrida de toros. Torero de mucha clase, serio y clásico, siendo el manejo del capote una de sus muchas virtudes, recibiendo varios premios como el del Ateneo Albacetense en la feria de 1986 a la mejor faena de capote.

Joaquín ha dejado muchos y buenos amigos, en el toro y fuera de él, siendo esto un humilde pero sentido homenaje a uno de los toreros más completos que ha dado nuestra tierra, pero insisto, posiblemente el más desaprovechado debido a las muchas injusticias que se producen en el mundo del toro.
Pedro Belmonte.



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