ÉXITO PARA ASPRONA EN SU CORRIDA BENÉFICA.


En la Plaza de toros de Albacete, tradicional corrida de Toros a beneficio de Asprona en su 43ª edición. Casi lleno en los tendidos, tarde nublada pero con una temperatura agradable para acudir a la plaza. Se lidiaron seis toros de Las Ramblas, muy desiguales, flojos, mansos y descastados. El quinto, se lastimó en una pata y fue devuelto. El sobrero, quedó impedido de las manos.

  • Enrique Ponce, de perla y oro: oreja y dos orejas.
  • Miguel Ángel Perera, de azul noche y oro: ovación con saludos tras aviso y ovación con saludos.
  • Cayetano, de espuma de mar y oro: oreja y oreja.

Crónica de ALEJANDRO MARTÍNEZ (@AlexMartinezzz)
para la web POR EL PITÓN DERECHO.
TRIUNFALISMO POR UNA BUENA CAUSA

La plaza de toros de Albacete acogió, un año más, la tradicional corrida de Asprona –una asociación local que atiende a personas con discapacidad intelectual–. Y la mejor noticia que dejó la tarde fue la buena entrada que registraron los tendidos. Casi lleno para la vuelta de las figuras a un festejo en el que siempre estuvieron presentes. Y claro, la tarde tenía todos los ingredientes para acabar siendo triunfal. Y lo fue. Demasiado. El triunfalismo se desató pese a la mansa, descastadísima y floja corrida de Las Ramblas. Parece que la ganadería de Daniel Martínez no levanta cabeza y sigue hundida pese a los intentos de algunos de resucitarla. Pero, el que por los chiqueros no saliera ni un solo animal con un ápice de casta, no fue inconveniente para que Enrique Ponce y Cayetano se marcharan a hombros tras cortar tres y dos orejas respectivamente. Un triunfo que no pudo saborear Miguel Ángel Perera. El extremeño, que sustituía a José María Manzanares –aún convaleciente del percance que sufrió recientemente en Granada–, se estrelló primero con un animal descastadísimo y rajado, y luego con un sobrero inválido que se lesionó y ante el que tuvo que abreviar.

El triunfador numérico fue Enrique Ponce. El maestro de Chiva, que hacía el paseíllo por décima vez en la corrida de Asprona, anduvo fácil y templado toda la tarde, pero las tres orejas que paseó fueron excesivas. En primer lugar le correspondió un astado alto y feo, estrecho de sienes y tocadito de pitones, que tuvo tanta nobleza como escasez de fuerzas. Un inválido ante el que Ponce anduvo sobrado. Sin bajar nunca la mano lo toreó con templanza y con su habitual concepto vertical y periférico. Lo más ligado y entonado lo logró en una serie al natural. Tras dejar una buena estocada cortó una oreja. El cuarto, mucho más bajo y recortado, aunque bien hecho y musculado, también tuvo nobleza, pero se paró muy pronto por su evidente falta de casta. Tuvo que tirar mucho del toro Ponce para conseguir varias series templadas y a media altura antes de meterse a la gente en el bolsillo tirando de efectismo y toreo accesorio. No importó la nula transmisión del toro de Las Ramblas, ni el abuso del pico por parte del valenciano; tras una estocada trasera y caída, le dieron las dos orejas.

Menos aún tuvo que hacer Cayetano para disfrutar de un público entregado hasta el bochorno. Su sola presencia bastó. Pese a deleitarnos con innumerables "trapazos" en sus dos toros, se marchó por la puerta grande tras cortar oreja y oreja. Es verdad que anduvo entregado toda la tarde y que su actitud fue encomiable, pero Cayetano ha vuelto como se fue. Falto de técnica y firmeza, dio muchos pases sin mando ni remate, y también abusó de populismo. Ante el tercero, un ejemplar de escaso fondo y recorrido que nunca terminó de humillar, anduvo voluntarioso, pero no se colocó nunca en el sitio ni llevó toreada la embestida del de Las Ramblas. A pesar de lo defectuosa de la estocada –trasera, desprendida y atravesada– y de que tuvo que hacer uso del descabello, también paseó un trofeo. Lo mismo que en el sexto y último, el mejor presentado del muy desigual encierro de la divisa albaceteña. Ante este, al que recibió con una larga cambiada de rodillas, volvió a tirar de voluntad y de guiños al tendido y tras un pinchazo y una estocada caída, paseó el apéndice que le abría la puerta grande.

Menos suerte tuvo un Miguel Ángel Perera que entró a última hora en el cartel y que se marchó a pie por el nulo juego de su lote. Lo mejor de su actuación –y lo más emocionante de la tarde– fue el inicio de faena a su primero. Tras brindar al público, se colocó en el centro del ruedo y comenzó su trasteo con el doble pase cambiado por la espalda. Asentadas las zapatillas, quieta la planta, puso en pie los tendidos. Pero a partir de ahí, poco más pudo hacer. El segundo, también alto de agujas, tuvo tan poca casta que tras ese intenso inicio se rajó y ya no hubo manera de hacerle embestir. Lo intentó Perera acortando distancias, pero el acobardado animal se marchó a tablas y a punto estuvo de echarse antes de que el extremeño entrara a matar. Pero peor fue lo del quinto. Zancudo, feo y cariavacado, el de Las Ramblas dejó patente desde el principio su invalidez. Pero el señor Don Luis Natalio Cuesta, ese presidente al que le encanta dar orejas, pareció ser el único en no darse cuenta de la incapacidad del toro para la lidia. Con los tendidos encendidos de protestas, esperó y esperó y a punto estuvo de mantenerlo en el ruedo. Pero, cuando tan sólo quedaba por colocar el último par, de repente, sacó el pañuelo verde y lo devolvió a los corrales. Una muestra más de la ineptitud del usía más orejero de la Historia de la plaza de Albacete. El sobrero, también de Las Ramblas, hizo cosas raras de salida y al principio de la faena de muleta se derrumbó quedando descoordinado e inútil. Un resignado e inédito Perera se marchó a por la espada, aunque finalmente lo tuvo que finiquitar con el descabello.

Otros sitios donde puedes ver más crónicas de esta corrida son:

LA TARDE EN FOTOS POR J. MONDÉJAR







































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