UNA ESCUELA TAURINA EN 1910


Que las Escuelas Taurinas y los Aficionados Prácticos no son invento reciente, queda demostrado con el artículo que os muestro a continuación. Un relato cariñoso escrito por Curro Meloja hace ya más de 100 años y acompañado por unas fotos de Goñi para su publicación en la revista "EL TORO".

Al termino del mismo, pongo una serie de fotos sueltas que se quedaban por los carretes de mi padre y que los cortaba y guardaba, desconozco con que fin, pero al igual que ya hice con el popurrí que os mostré en febrero del año pasado -POPURRÍ FOTOGRÁFICO-TAURINO-, lo hago ahora con otras cuantas fotos. Espero que os guste. 

LA PLAZA DE «BONIFA» Fuente: Revista Taurina LOS TOROS (Abril, 1910)

Así llamamos familiarmente sus asiduos visitantes a la que, con el título de "La fiesta nacional", posee, enclavada en la carretera general de Andalucía, cerca del nuevo puente de la Princesa, sobre el Manzanares, el conocido y simpático industrial D. Salvador Abad, bajo la regencia, administración, dirección y gerencia del popularísimo, concienzudo y veterano banderillero Eduardo Albasán (Bonifa).

Constituyen dicha plaza, bonita y alegre, un redondel de unos 25 metros de diámetro, con su correspondiente barrera y callejón, y dos tendidos capaces para sostener unos 1.000 espectadores, además de un tenderete, con honores de palco presidencial, y tres chiqueros convenientemente distribuidos.

Hay también un cuarto destinado a guardarropa, donde los aficionados prácticos que allí concurren dejan sus prendas y calzado de calle para substituirlo por la ropa de faena, y una sala grande y alegre, adornada con cuadros y carteles taurinos, que sirve de salón de tertulia, y donde, entre sorbo y sorbo, se habla, se discute, se comenta y hasta se murmura de los asuntos taurinos de la mayor actualidad.

Tiene además la plaza -y lo he dejado de intento para lo último por ser lo, principal- una capilla bonita y bien adornada y una magnífica enfermería, limpia, clara, ventilada, como para sí quisieran muchas plazas de toros de verdad, con todos los utensilios necesarios para su objeto, como cama, cama de operaciones, hilas, vendas, agua hervida, fenicada, instrumentos de cirugía de todas clases, cabestrillos, alambreras para entablillar brazos y piernas, etc., etc.

El suelo es de linóleum y está toda la habitación limpia y esmeradamente cuidada. Es, en una palabra, el sanctasanctórum de la casa.

Con tan buenos elementos, el ameno trato y las valiosas lecciones de Bonifa, las buenas condiciones de los becerros y lo barato de las sesiones, no es de extrañar que sean, como son, muchos los aficionados y aun los toreros profesionales que acuden a esta academia práctica, donde se pasan agradables ratos.

En tiempo de toros, cuando hay más concurrencia es los domingos por la mañana, y en el resto del año, dichos días por mañana y tarde, pues muchos aficionados que no podemos pasar un domingo sin ver toros, bajamos a casa de Bonifa y nos consolamos de la nostalgia de las corridas sufriendo coscorrones o viendo cómo los sufren otros, entre francas risotadas y oportunas ocurrencias.

También se organizan becerradas formales y, en fin, es esta placita una verdadera academia práctica del toreo, de donde seguramente han de salir buenos lidiadores futuros.
* * *
La primera vez que visité la plaza de Bonifa, se estaba lidiando a mi llegada un bonito becerro de unos catorce meses, diez arrobas y pocos pitones, y, al ver lo noblote y bravucón que estaba, a instancias de mis amigos. pasé al guardarropa, me vestí de faena y salí al redondel con mi capote al brazo, dispuesto a todo.

Al saltar la valla y caer al ruedo vi con asombro y con horror que el becerrito que antes se lidiaba había aumentado considerablemente y que ahora tenía una respetable cornamenta.

Hice ver a un amigo tal fenómeno, y él me respondió con gracejo:
   - Es el miedo, que los aumenta.

Todo avergonzado tiré un capotazo, y cuando pasado un rato me dijeron que mientras me había cambiado de ropa habían también cambiado de becerro, murmuré, respirando satisfecho:
   - ¡Ya decía yo…!

Otro día pasaba yo de muleta a un becerro adelantado -al que pusimos de apodo Manolin y que tuvo a bien zarandeara a cuantos se le pusieron delante con un capote,- y alargando el animal el pescuezo alcanzó a darme con uno de sus astillados pitones en un dedo, levantándome un trozo de la piel y haciéndome una pequeña cortadura.

Con solicitud extremada me auxilió Bonifa, me metió a empujones en la enfermería, a pesar de mis negativas, por no merecerlo la cosa; me lavó la herida, me puso en ella aglutinante y me vendó el dedo cuidadosamente.

   - Pero, ¿para qué tanta cosa, Eduardo? Pregunté a Bonifa cariñosamente.
   - Es que tenía ganas de inaugurar la enfermería -me respondió guasonamente.-

Al salir de marcar un par de banderillas a otro becerro, di un resbalón, y dando traspiés y encunado por el bicho, fui hasta cerca de la barrera, contra la que me arrojó el animal, dándome un tremendo batacazo contra el estribo, que desprendí con un hombro.

Furioso, me levanté y, pronunciando una sonora interjección, me fui de nuevo al becerro para comérmele, pero el animal, con muchísima finura, me hizo medir nuevamente el suelo y me quitó completamente los humos.

Yo estuve en la cama cuatro días a consecuencia de los porrazos y Bonifa mandó quitar inmediatamente el estribo de la barrera.

Desde entonces, cuando veo corridas y aun cuando las trato de reseñar, soy indulgente con los diestros, pues no se me olvida el revolcón.
Escrito por CURRO MELOJA
Para la revista EL TORO.

LAS FOTOS SUELTAS DE MONDÉJAR
El gran Maestro albaceteño Antonio Rojas en la 8ª de la Feria Taurina de Albacete del año 1975.
En la imagen de la derecha, la banderilla estuvo a punto de darle un disgusto.
Este día no fue el de Rojas, silencio en su primero y palmas en el que cerraba Plaza.


A la Izquierda un derechazo de Antonio Rojas.
A la derecha, imagen lamentable, llenando el publico de almohadillas y botes la arena.
En esta ocasión el enfado iba con José Fuentes, compañero de Rojas en el cartel.


El Miura derriba al picador. Es la misma corrida que la mencionada anteriormente.
El tercer espada del cartel era Dámaso González.
Fotos en el Patio de Caballos de la Plaza de Toros de Albacete.
A la izquierda, José Gómez Cabañero, mi padrino de bautizo.
A la derecha, los espadas, Pedrés y Manolo Amador.


Juan Montero y Pedrés.
Estas fotos corresponden a un Festival a beneficio del Cotolengo el año 1966,
posiblemente el mes de junio, pero no he podido averiguar la fecha exacta.

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