NOVILLOS EMBOLADOS EN 1883 Y FOTOS EN UN PATIO DE CABALLOS


MADRID 8 DE ENERO DE 1883

EL ARTE DE LA LIDIA. AÑO I,NÚM. 1º

LAS NOVILLADAS
Desde que la lidia de reses bravas dejó de ser el ejercicio de los grandes de la corte al advenimiento del rey D. Felipe V, ya por no disgustarle, porque el citado rey era poco aficionado a esta fiesta, o ya porque algunos hidalgos y plebeyos oscurecían sus ejercicios ejecutándolos con más perfección, y la tomaron por su cuenta valerosos hijos del pueblo, ganando el espectáculo en arte lo que perdiera en su primitivo carácter, que las corridas de novillos sufrieron también multitud de reformas y variaciones. 

A las compañías de indios y comparsas de mojigangueros, que ejecutaban en los cosos sin arte y sin conocimiento alguno con toros embolados, después de ejecutar o representar escenas grotescas del peor gusto, sucedieron las pantomimas, en que ya la lidia del toro embolado, que para terminarla se soltaba, tenía algún parecido con la de los toros, puesto que en burros, en caballos de mimbre o sobre otro hombre se picaba a los bichos, se les ponían arponcillos o se les parcheaba, y a veces se les mataba a estoque o desjarretándoles. 

Más adelante, para dar más carácter al espectáculo, se introdujo en él la lidia de algún toro de puntas, que estaba a cargo de toreros sin nombradía, o de algunos que con ellos procuraban irse adiestrando en la ejecución de las suertes. 

Y para que los asistentes a estas fiestas tuvieran más variedad, en las novilladas, a más de la lidia de reses bravas con puntas y emboladas algunas veces, han figurado en los programas ejercicios ajenos al arte de torear, como han sido carreras de cintas, parte de gimnasia, ascensiones en globo, fuegos artificiales, etc. 

Otras veces hemos presenciado luchas de fieras, ya entre el toro con tigres, leones y elefantes, ya entre panteras, osos y leones, etc. 

Allá por los años de 1790 a 1791, un perro de aguas llamado Mustafá, de gran destreza burlaba la fiereza de un toro, y no hace mucho que el perro llamado Paco hacía las delicias de no pocos, cansando y mareando a los novillos embolados o representando un papel secundario en alguna pantomima, como la titulada Las hazañas de Bou-Amema. 

Otras veces la lidia de algunas reses ha estado a cargo de mujeres, y así en 1811 quebraba rejoncillos a caballo Teresa Alonso; la intrépida Vascongada picaba novillos embolados y los mataba por medio de la chispa eléctrica allá por los anos de 1859 y siguientes. Tomasa Prieto picaba pocos años después, y años antes y después Martina García mataba toros embolados con estoque. 

En ocasiones se ha dividido el redondel en dos mitades, y a la vez en cada una de ellas se ha lidiado un toro de puntas por cuadrillas diferentes. 

Hoy afortunadamente se van desterrando de las novilladas las representaciones de pantomimas, y se ha ido aumentando el número de toros de punta, de cuya lidia se encargan toreros de profesión por regla general, ocupando los puestos de matadores banderilleros distinguidos que suelen en provincias torear figurando como segundos de matadores de cartel, y más adelante casi estamos seguros que las pantomimas desaparecerán por completo en beneficio de la afición y del arte.
Y si aun en nuestros días han sido las aulas donde han adquirido los primeros rudimentos del toreo la mayor parte de los toreros que hoy forman entre los de más nombre, entonces serán las novilladas lo que deben ser, es decir, que vendrán a llenar el vacío que dejó la supresión de la escuela de tauromaquia. 

¿Quién de los antiguos aficionados no recuerda aquellas novilladas en que el Chiclanero, Pablo Herraiz, Mariano Antón, Frascuelo, Ángel Pastor, Carrión y tantos otros demostraron lo que habían de ser más tarde?

El día en que suceda lo que decimos la afición estará de enhorabuena y el arte tendrá escuelas prácticas tan necesarias a los que comienzan.
Fuente: El Arte de la Lídia, Año I, Núm. 1 del 8 de enero de 1883.
LAS FOTOS
RAFAEL GARCÍA
Las fotos que vas a ver, y por cierto en color, corresponden a una novillada nocturna celebrada el verano de 1988 en la Plaza de Toros de Albacete, dato de amablemente me ha aportado uno de sus protagonistas, Rafael García. Todas ellas fueron tomadas en el Patio de Caballos, el cual no se encontraba en optimas condiciones. Por ello, y poniendo en práctica un poco el curso de fotografía que estoy haciendo, me he atrevido a quitar esos fondos que desvirtuaban claramente a los protagonistas de las imágenes.

Aquella noche formaron el cartel Ángel de la Rosa, Rafael García y Manuel Montoya, que lidiaron reses de la ganadería extremeña de Zalduendo afincada de la finca de "Moheda de Zalduendo".

Este mismo cartel, comenta Rafael, se repetiría poco después con picadores en la Plaza de Toros de Munera, siendo en esta ocasión los novillos de Salvador Domecq.




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