EL VIAJAR DE LOS TOREROS EN LOS 50


LOS VIAJES DE LOS TOREROS (Título original)
-Fuente: Semanario El Ruedo – Año VII Núm. 324 del 7 de septiembre de 1950
Compañeros de viajes y vivencias para ir a cualquier Plaza de Toros a jugarse la vida por una pasión, el Toro.
Hay algo que admiramos en los toreros tanto como su comportamiento en la Plazas y frente a las reses; y es su capacidad viajera. Dudamos que exista peor tortura, y desde luego cabe asegurar que no la padecen artistas de cualquier otro género. Los desplazamientos de los futbolistas, aún en las más importantes competiciones, suelen producirse cada semana; los actores, aún los modestos cómicos de la legua, no se trasladan de una plaza a otra cada día. Los maquinistas y los revisores de los trenes y los conductores de autobuses de líneas regulares se benefician al dejar el servicio de sus turnos libres.

Los toreros, no. Los toreros tienen que aprovechar avariciosamente parte del día y generosamente todas las noches para llegar a tiempo a la ciudad en que están anunciados y sonreír al fotógrafo de la ocasión en el momento de formar en el patio de cuadrillas. Terminar de torear una tarde en Vitoria para hacerlo a la otra en Tánger y a la siguiente vestirse de luces en La Coruña, o recorrer en coche la distancia desde San Sebastián a Málaga y desde Málaga a San Sebastián en fechas consecutivas, o ir, contando los minutos, desde Bilbao a La Línea de la Concepción representa un suplicio en el que no pudieron pensar los dioses del Olimpo cuando condenaron a Tántalo¹.

Momento en el que el Torero se tiene que vestir de luces.
¡Servidumbre tremenda esta de Los viajes sin otro descanso que dar alguna cabezada que otra en la almohada o en el hombro de algún amigo! Y no para llegar a reponerse, sino para vestirse de prisa y salir a enfrentarse con una lidia en cualquier caso llena de riesgos y de nerviosidad explicable. A veces ni para eso da tiempo. Y entonces hay que cambiar de ropa a medio camino. En algún parador de carretera o en la vivienda de algún amigo situada estratégicamente en el trayecto.

No cuenta esto, ni debe contar, lógicamente, para el espectador de cualquier Plaza que cuando adquiere su entrada no piensa si el torero va a llegar hasta allí cansado o no. El espectador está en su derecho de exigir el máximo rendimiento. Ni esto supone disculpa, sino el comentario a un hecho que se produce casi a diario a lo largo de los meses de una temporada taurina. Pero el lector que lee tranquilamente su diario bien acomodado mientras toma su desayuno y ve como los toreros saltan cada día increíblemente de un punto a otro de España, y ya de Portugal y de Francia, no puede a veces reprimir un movimiento de sorpresa como si no diera crédito a la noticia que está ante sus ojos.

Es cierto, sin embargo. Evidentemente los medios de locomoción han mejorado; pero la resistencia física de los humanos sigue siendo la misma, y ella se pone a buena prueba en los tiempos que vivimos. Una cosa es que nos conformemos o no con el hecho y otra que dejemos de reconocerlo. Y el hecho está ahí: en que a veces los toreros para estar a punto se tienen que vestir de luces al aire libre.

¡Y menos mal si, como en alguna mala oportunidad ha ocurrido, en vez de vestirse en la carretera lo que han tenido que hacer es desnudarse, porque algún publico indignado no les consintió realizarlo en el hotel!...
Artículo firmado por EMECE 
(EMECE, Manuel Casanova, Director de El Ruedo entre 1947 y 1961)

LAS FOTOS DE HOY
Un lance del toreo.Pase de pecho.El Toro le roba el capote al diestro.Derechazo de libro.Pase de pecho por el Rey del temple, el maestro DámasoDámaso, desconocido y Rojas en el patio de caballos de la Plaza de Toros de Albacete.
El público llenando "La Chata" y espectadoras muy guapas.
Fernando Franco en el callejón de la Plaza de Toros de AlbaceteFernando Franco sale a hombros después de una gran tarde en La Chata.
¹. Tántalo, en la mitología griega, rey de Lidia e hijo de Zeus. Los dioses honraron a Tántalo más que a ningún otro mortal. Él comió a su mesa en el Olimpo, y en una ocasión fueron a cenar en su palacio. Para probar su omnisciencia, Tántalo mató a su único hijo, Pélope, lo coció en un caldero y lo sirvió en el banquete. Los dioses, sin embargo, se dieron cuenta de la naturaleza del alimento y no lo probaron. Devolvieron la vida a Pélope y decidieron un castigo terrible para Tántalo. Lo colgaron para siempre de un árbol en el Tártaro y fue condenado a sufrir sed y hambre angustiosas. Bajo él había un estanque de agua pero, cuando se detenía a beber, el estanque quedaba fuera de su alcance. El árbol estaba cargado de peras, manzanas, higos, aceitunas maduras y granadas, pero cuando estaba cerca de las frutas el viento apartaba a las ramas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario