CON SAMUEL FLORES, RODEADOS DE TOROS


Sebastián Moreno con Samuel Flores.
Sebastián Moreno con Samuel Flores.
Foto: S. Moreno. 

Los temibles “samueles” son dóciles y apacibles en el campo.
El ganadero albacetense tiene más tierras que la duquesa de Alba. En una ocasión, me presentó al Rey y le llamó Juanito.


Pues sí, Samuel Flores, el ganadero albacetense de reses bravas, que ayer lidiaba en Albacete, tiene más tierras que la duquesa de Alba-- en este caso la Casa de Alba--, que, tópicamente, pasa por ser la terrateniente más grande de España. Exactamente, tiene más de 23.000 hectáreas, por las 20.000 de la duquesa. Pero no es el que más tiene: por encima de él, con 40.000, está Juan Abelló, el de Vodafone y Mario Conde, etc. La mayor parte de las fincas de Samuel, se dedican, preferentemente, a la cría de ganado de lidia, en Albacete y Andalucía, aunque tiene otras, dedicadas a diversas actividades agrícolas y cinegéticas.


Sebastián Moreno en la finca El Palomar.
Sebastián Moreno en la finca El Palomar.
Foto: S. Moreno.
Samuel Romano López Flores (este es su nombre completo), heredero del hierro legendario de su abuelo Samuel Flores, es amigo mío. También es muy amigo del Rey Juan Carlos- vaya, tenemos amigos comunes--. Un día, durante un cóctel en el Ayuntamiento de Albacete, Samuel me presentó a Juan Carlos, cuando era Príncipe de España, y le dijo: “Juanito, mira, te presento a un amigo mío y paisano”. Yo lucía, sobre una chaqueta negra, una insignia de plata, que acababa de regalarme el teniente de alcalde, Benidel Muñoz Haro. Juan Carlos me estrechó la mano y señaló la insignia de mi solapa, diciendo: “En el fondo pensamos igual los dos”. La insignia eran las cinco flechas joseantonianas. Pues, no, no pensamos igual, yo las llevaba por no desairar a quien me las había regalado, presente allí, excelente persona. Aparte de esta salida tan poco airosa de Juan Carlos – lo haría por agradar, o convencido, quién sabe—lo que más me llamó la atención fue el tratamiento que tenía Samuel Flores con él, de amigo muy íntimo. Sólo algunos familiares muy cercanos y amigos muy íntimos le tratan así, según nuestro amigo Juan Antonio Pérez Mateos, el biógrafo más reconocido del Borbón. 

Mi amigo Samuel, un hombre sencillo y cordial, me invitó a dos de sus ganaderías, la de Los Alarcones, en Andújar (Jaén) – en la primera foto—y la de El Palomar, en Povedilla (Albacete) – fotos siguientes. A Los Alarcones, según me contó, solía ir mucho el Rey, a cazar y a descansar, con su séquito – yo me acosté en la cama del marqués de Mondéjar—y también solo, aunque no me dijo con quién. Esta es una finca, de más de 10.000 hectáreas, en plena Sierra Morena, situada junto a otra de Luis Miguel Dominguín. Antes que el Rey, el que solía acudir, de vez en cuando, era Franco, no porque le gustasen los toros en la dehesa, sino porque es una zona de caza mayor excelente. La ganadería de El Palomar, en Povedilla, más pequeña, también tiene buena caza. Aquí, en 1988, el Rey cazó un venado que le puso a la cabeza de la clasificación de matadores de estos pobres cuadrúpedos en España. 

Ganadería brava de Samuel Flores.
Ganadería brava de Samuel Flores.
Foto: web finca El Palomar.
(En Los Alarcones, hay una foto de la entrevista-que mi amigo Fermín del Prado tuvo colgada en su bar, en la que Samuel y yo estamos sentados en el suelo, --sin escapatoria--a tres metros de unos veinte toros, que nos miran o pastan, tranquilamente, como corderitos. En la de El Palomar, posamos ante el fotógrafo, subido en una tapia de unos dos metros; tampoco hay escapatoria para nosotros ante la manada que tenemos detrás, porque la única salida es por la casa, donde están ellos. Puede sorprender, pero el toro en el campo, en manada, muestra una actitud apacible y mansa. En solitario es distinto. Durante la entrevista, perdí una pipa en el campo y Samuel y yo fuimos a buscarla, pero, cerca, se había quedado rezagado un toro, y tuvimos que subirnos a un árbol por si las moscas). 

Me contó Samuel que cuando se hizo cargo de la ganadería en 1967, tenía 18 años de edad y tuvo que tomar decisiones drásticas porque el hierro había decaído mucho. En la mezcla de varios hierros, que componían la ganadería, sacrificó unas 300 reses para seleccionar a las mejores vacas, afinando en las características morfológicas de la raza, buscando su famosa bravura. “Esto, Sebastián, no es ningún negocio—decía- , hay que afinar mucho para mantener, no solo el trapío, sino la casta de un toro. Si te digo la verdad, yo no crío mis toros para los toreros, sino para los aficionados, para que vibren y se emocionen con su comportamiento en la plaza; busco un toro que no impresione solo por sus pitones sino por su raza, la perfecta combinación de la casta y la bravura".”

En eso parece que sigue.
Sebastián Moreno

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