PAN Y TOROS PARA DÁMASO


No hace falta presentar a Dámaso González, tan solo pronunciar su nombre ya lo dice todo del que ha sido, para la mayoría de los aficionados y críticos taurinos EL REY DEL TEMPLE. Después de su dilatada carrera como matador de toros, ha sido invitado a multitud de entrevistas, homenajes y actos, a los que siempre accede amablemente.

Dámaso recoge el cuadro de manos de Francisco López "Pacote"
Hoy las fotos corresponden a un homenaje que le fue ofrecido por la peña de Albacete “PAN Y TOROS” durante una Tertulia-Gastronómica y en la cual fue obsequiado con una cuadro que veremos más adelante.

De la multitud de entrevistas que ha concedido, hoy voy a sacar algunos trozos a modo de recuerdo del Maestro albaceteño, unos por curiosos, otros por interesantes, y todos con cariño hacia el torero.

De una entrevista concedida a Taurodelta para el Nº 14 de julio de 2008.

“Lo mío ha sido un caso de ambición, de no conformarme nunca con nada. Y no me refiero al dinero, sino a ser más y mejor delante del toro. Para mí el reto era aguantar todo el miedo que se pasa a cambio de hacer lo que me gustaba. Y lo que de verdad me gustaba era dominar al toro. Ponerme cerquita, engancharlo lo más  delante posible y sacar muletazos largos y templados.”

“No te puedo explicar por qué fui torero. Mi padre era muy aficionado, y recuerdo que cuando era pequeño, tendría unos siete años, me enseñó una fotografía en la que aparecía vestido de luces. Yo me quedé embobado mirando aquella fotografía, porque me parecía increíble que mi padre se hubiera puesto delante de un toro. ¡Era algo grandioso! Hasta que un día, paseando por la feria, descubrí el ‘engaño’, pues vi que en un puesto había un torero de cartón pegando un muletazo, donde apoyando la cabeza te podías hacer una foto para presumir con los amigos.”

“Me acuerdo que un día, con trece años, en un pueblo que se llama Yuncos, me cogió un toro con más de quinientos kilos para matarme. Apoyó su testuz sobre mi pecho, enterró los pitones en la arena, y giró lentamente dando una vuelta de campana. Me reventó los oídos y permanecí inconsciente durante más de dos días. Era duro, pero también bonito.”

“Si me quedaba tan quieto no era porque fuera un ‘chalao’, o un loco, como dijeron algunos, era porque quería ser torero. Un crítico taurino dijo que si me quería suicidar lo que tenía que hacer era tirarme desde un quinto piso.”

“Mi mayor satisfacción al final de faena no era ponerle un codo sobre el testuz, sino saber que podía ponerle los dos.”


De una entrevista a www.mediaveronica.com en febrero de 2012, después de un accidente.

‘Estuve todo el día haciendo cosas en la finca. Estaba cansado cuando llegó la tarde. Pensé en sacar al toro que habíamos tentado por la mañana, que estaba apartado con un buey en una de las corraletas. Parecía que estaba un poco mareado y al atravesar un muro perdí pie, no me acuerdo de mucho más’. “Dámaso perdió también el conocimiento del fuerte golpe, que le produjo la fractura de cuatro costillas y una extensa brecha en la cabeza.”

“Mi mujer, al ver que no contestaba, subió a buscarme. Bajó por la pared contraria donde estaba el toro y entró por la puerta despacito. Vio cómo no me movía y me arropó. El toro estaba al lado pero no se arrancó, quizás porque no veía mucho dado que ya había poca luz. Feli pidió ayuda y llegó mi hija Marta con su marido, Miguel. Entre los tres me sacaron de la corraleta” bajo la atenta mirada del toro.

“Creo que es la primera vez que he estado en la UCI. Las cornadas, por fuertes que sean, se solucionan con una buena operación. Al día siguiente tienes como un gran peso en la zona de la cornada pero no sufres tanto dolor. En pocos días te quitan los puntos y te recuperas pero las fracturas de hueso en esta zona son algo muy doloroso”

“El mejor quite que me han hecho en la vida”.
Fuente: MEDIAVERONICA

Momento de la entrega del cuadro a Dámaso González de manos de Francisco López, "Pacote".
Fotografías: Antonio Mondéjar Garrido y José Mª Mondéjar Martínez

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