TOMAS RUFO Y AARÓN TRIUNFADORES DE "PROMESAS DE NUESTRA TIERRA"


Bargas puso el punto y final al certamen Promesas de Nuestra Tierra, una apuesta tan decidida y firme por el futuro como necesaria. Un empeño del torero y ahora empresario Manuel Amador, al que hay que agradecérselo, así como a la difusión de RTVCM. La final, aunque no se había planteado como tal, dejó un buen sabor de boca como broche final, sobre todo por lo visto en Aarón. 

Un muy precoz torero que atesora un gusto especial, una torería innata y una personalidad arrolladora para intentar llegar a ser algo en esto. Como es lógico, tiene cosas que corregir y pulir, como el ajustarse y ceñirse más con los animales. Tiene, para ello, todo el camino por delante y mucho tiempo para mejorar. Como también lo tienen Tomás Rufo y Rubén de Tomás. El primero compartió premio con Aarón, pues se les reconoció con un capote de paseo a cada uno. El segundo, que debutó como novillero en su tierra, dejó una digna imagen.

TOMAS RUFO Y AARÓN TRIUNFADORES DE "PROMESAS DE NUESTRA TIERRA"
Foto www.porelpitonderecho.com


Empezó con sana rivalidad la última cita de este certamen, pues tras un recibo de rodillas de Tomás Rufo al Acomplejado que abrió plaza, Aarón lució en un quite variado y vistoso, a lo que contestó de nuevo el titular con disposición, pero menos acierto. Clasicismo en los primeros muletazos para sacarse al animal a los medios e intentar hilvanar una labor que nunca llegó a alcanzar grandes cotas debido a la defensiva y descompuesta condición del eral de Vicente Ruiz, rebrincadito y con la cara a media altura. El de Pepino no llegó a encontrar la comunión con su oponente y lo dispuesto, sin limpieza y atropellado por momentos, supo a poco. Con dos largas cambiadas de rodillas recibió al segundo de su lote, para después lancearlo a la verónica. Brillante de nuevo en el quite Aarón por tapatías. Tras el brindis al público inició muleteo de rodillas en el tercio para luego hilvanar faena por ambos pitones aprovechando la excelente condición de su antagonista. Fijeza, prontitud y calidad en la embestida caracterizaron la entrega del animal de Vicente Ruiz, al que el toledano pudo sacar infinidad de muletazos dignos, pero faltos de una rotundidad mayor, sobre todo en detrimento de lo que tenía delante. Lo mejor, algo tarde, llegó en las postrimerías cuando relajó la figura y buscó la rectitud en su figura. Ahora bien, todo se torció cuando se ofuscó con la espada y no fue capaz de enterrarla hasta el enésimo encuentro.

Buen trazo y muy torero Aarón en el saludo capotero por verónicas a Soguito, antes del brindis al cielo. Ayudados por alto en los prolegómenos de trasteo con una torería pasmosa impropia de su bisoñez. Una circunstancia que sí afloró en las series posteriores, cuando no terminó de acoplarse pasando por momentos de duda y atropello. El mejor Aarón llegó cuando sacó a relucir su corte artístico y torero, y a partir de ahí pulió muletazos de notable trazo con una composición de la figura sensacional ante un oponente que acabó dejándose. La media estocada no fue impedimento para que el toledano cortase las dos orejas. El Florito que hizo quinto salió desentendido tras cada lance en el recibo capotero del novillero de La Pueblanueva. Con el mismo gusto que en su primer parlamento, ligó series hilvanadas y bien rematadas. Mucho temple y torería en sus movimientos y en el manejo de los trastos, lo que se suma a una capacidad más que interesante a su temprana edad para encontrar los terrenos y administrar los tiempos. Lo que sí debe mejorar, y mucho, es el ceñimiento con el animal, pues hubo muletazos en los que se lo pasó a un tren de distancia, toreando desde la periferia. Tiene unas cualidades que pueden hacerle llegar, pero otras tantas por pulir. Lógico y normal. El fallo con los aceros enfrió, en cierta medida, la petición del respetable.

A por todas, como no podía ser de otra manera, salió Rubén de Tomás para debutar ante su afición, y así, con más ímpetu que cualquier otra cualidad recibió a Terciopelo. Tras brindar a su madre un novillo tan especial, el joven local instrumentó una labor marcada por la firmeza y la decisión en todo lo que intentó. Ahora bien, a su trasteo, además de una dosis de ajuste, también le pudo faltar algo de templanza y despaciosidad ante un buen eral de Vicente Ruiz. Carencias lógicas, claro está, si tenemos en cuenta que el joven no ha hecho más que empezar en esto. Ni la forma de realizar la suerte fue la mejor ni la espada cayó en el sitio correcto en dos encuentros, lo que mitigó el fervor del público. Lucimiento capotero en el saludo del torero de Bargas al Vago que cerró novillada y certamen, antes de un inicio de trasteo genuflexo con mucho peso en el tendido. Ahí quedó lo más interesante del sexto capítulo de la tarde, pues tras ello el animal evidenció una descoordinación en sus movimientos, lo que le hizo ir de aquí para allá sin entrega ni control. Un tren sin frenos al que fue incapaz de embarcar en la muleta el jovencísimo torero. No fue fácil, todo hay que decirlo.

Plaza de toros de Bargas (Toledo). Final del certamen Promesas de Nuestra Tierra. Media plaza en tarde soleada y calurosa. Se lidiaron seis erales de Vicente Ruiz, parejos y bien presentados. A la defensiva y de embestida descompuesta el 1º; manejables que se acabaron dejando 2º y 5º; nobles y de muy buena condición en la muleta 3º (premiado con la vuelta al ruedo) y 4º; deslucido y de embestida descompuesta el 6º.
Tomás Rufo (azul marino y oro): Dos orejas y ovación con saludos tras aviso.
Aarón (verde hoja y oro): Dos orejas y vuelta al ruedo tras aviso.
Rubén de Tomás (obispo y azabache): Oreja tras aviso y oreja tras aviso.

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