SEBASTIÁN MORENO: MI ENCUENTRO CON LUIS MIGUEL DOMINGUÍN


Le entrevisté en la cama de su prima Mariví

Al periódico le cayó un expediente de Información y Turismo, que casi lo cierra, por la respuesta que el torero me dio a una pregunta política.



Entrevisté a Luis Miguel Dominguín, legendario torero que figuraba en el cartel, con Manolete, el día que murió éste en Linares, en 1947. Luis Miguel fue el más grande de su época, algo que él se encargaba de recordar, sin pudor, en la plaza, levantando una mano con el dedo índice hacia arriba: el número uno. Yo le admiraba más por haber conquistado a aquel bellezón que era la actriz Ava Gardner, que como torero, ya que los toros me gustan poco, pese a haber sido amigo de varios toreros.

Corrían los primeros años setenta, Luis Miguel había vuelto a los toros tras unas temporadas retirado. Me recibió en casa de su prima Mariví Dominguín, con la que estaba liado, con gran escándalo social de la época, con Franco vivito y coleando. La propia Mariví nos abrió la puerta del chalet, donde vivían, en el Paseo de la Habana, de Madrid. El torero estaba en la cama, entre sábanas blancas, en plena siesta. Así se publicó la foto, yo a su lado, junto a la mesita y él, tumbado, desnudo de cintura para arriba, que es lo que asomaba entre las sábanas. Testigos, a los pies de la cama: mis amigos Juan Martínez Encarnación, empresario taurino, y Pedro García Munera, editor de La Voz de Albacete, junto al reportero gráfico Jesús Moreno.

SEBASTIÁN MORENO: MI ENCUENTRO CON LUIS MIGUEL DOMINGUÍN
Imagen Facebook Sebastián Moreno
Por supuesto no hablamos de toros, algo tan manido en su vida, sino de política -la serie de entrevistas que tenía con personajes se titulaba “Circulo político”-. Una de las preguntas fue esta: ¿Cómo define usted la palabra socialismo? Tuvo una respuesta que nunca se le ocurriría a su zejatero -hoy podemita- hijo Miguel Bosé, víctima, como tantos, de la LOGSE: “La punta de lanza de toda sociedad”, dijo. Y así se publicó, cayendo sobre el periódico, como el gavilán sobre su presa, el correspondiente expediente de Información y Turismo y otras amenazas lógicas de su tiempo, que estuvieron a punto de cerrarlo. (A la revista Garbo le cayó otro expediente y multa, pero ellos hacían carnaza de la pareja)

Cuando acabó la entrevista, el torero me preguntó: “¿Cómo se llama usted?, tengo que anotar su nombre” ¿Para qué?, respondí-. Puso voz fingida de ancianete y me dijo: “Porque cuando yo sea viejecito y le vea, para ver si me puede atender, le diré: yo soy aquel que le dio una entrevista en la cama”.

Para alguien que daba los primeros pasos en su profesión, un impulso así -viniendo de donde venía, un número uno- no se olvida nunca.
Por Sebastián Moreno 
 Periodistas Con Sabor a Albacete 

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