RECORDANDO A MANUEL MONTOYA


Hijo del mulillero de la Plaza de Toros de Albacete, comienza su carrera con 8 años, para 9 después debutar con caballos. Cambió el oro por la plata, y como banderillero ha sido ovacionado en la mayor Plaza del Mundo, Las Ventas, cosa que pocos han conseguido.


RECORDANDO A MANUEL MONTOYA

Montoya en "El Palomar"
Manuel Montoya Murillo nació el 22 de noviembre de 1972 en Albacete y desde bien pronto empezó a beber de la afición taurina a través de su padre, que era mulillero de la plaza de toros de Albacete. Con ocho años comenzó su andadura y a los diez años ya era bastante conocido por las capeas de la sierra de la provincia, donde le llamaban “Morenito de Povedilla”.

En 1986 actuó en más de quince novilladas sin picadores y siguió actuando como tal hasta el 5 de marzo de 1989, cuando debutó con picadores en la localidad murciana de Lorca, alternando con “Espartaco Chico” y Julio Aparicio.

En su primera temporada con los del castoreño cortó orejas en todas las novilladas en las que actuó, alternando con todas las figuras del momento y consiguiendo un importante triunfo en el ciclo de novilladas de Algemesí.

Siguió su línea ascendente en el 1990, año en el que toreó 14 novilladas, entre ellas cuatro en Barcelona y, ya en 1991, se presentó como novillero en Las Ventas el 19 de marzo tras tener numerosas incursiones en España y Francia.

Foto tomada por Mondéjar en la Finca “El Palomar” POVEDILLA (Albacete) de Don Samuel Flores.


El parón obligado por el servicio militar que tuvo que cumplir a partir de 1992 hizo que bajaran sus contrataciones de forma significativa. Y ya a duras penas retomó la carrera, pero con mucho menos ambiente. Aunque llegó a cumplir el sueño de todos los que empiezan: tomó la alternativa el 21 de agosto de 1996, en Cuenca, apadrinado de manos de Ricardo Agüin 'El Molinero' y en presencia de José Pacheco 'El Califa', con toros de 'El Pizarral'.

        
Tentadero celebrado en la Finca anteriormente citada.

La falta de oportunidades finalmente le empujó al escalafón de los de plata, y fue en 2003 cuando cambió la espada y la muleta por el capote de brega y las banderillas, debutando como banderillero a las órdenes de su paisano Dámaso González.

Además de Dámaso, otros toreros a los que ha acompañado en sus cuadrillas Montoya han sido Luis Francisco Esplá, José María Manzanares (padre), el colombiano César Rincón y, más recientemente César Jiménez y Rubén Pinar, torero este último con el que estaba toreando esta temporada.

        

        

Hace años, Isabel Donet realizó una entrevista a Manuel Montoya la cual fue publicada en la sección Hablando en Plata de la revista Aplausos. En ella, el albaceteño se sinceraba y expresaba sus sentimientos como torero.

-¿Qué dice en la plaza Manuel Montoya? 
Procuro ir siempre a favor del matador. A partir de ahí, intento solucionar la papeleta y cuando me deja un toro también lucirme un poco. 
-¿A qué suena Montoya? 
A arte, mucha gente cree que por mi apellido soy gitano. No me importa y lo llevo con mucha honra.
         
A la Izquierda junto al "Pimpi" y a la derecha con Perea padre.
-De lo aprendido en la escuela de Albacete, ¿qué te queda? 
Prácticamente todo. Lo que uno aprende de niño uno lo lleva siempre consigo, lo que pasa es que en esta profesión cada día surgen cosas nuevas que hay que aprender. 
-¿De qué te ha servido tomar la alternativa? 
Después de una carrera brillante de novillero tomar la alternativa me ha servido para poder decir que he llegado a ser matador de toros. 
-¿Cuándo te haces banderillero? 
Tres años después de tomar la alternativa. Empecé con novilladas sin picadores y lo que más me sirvió fue cuando me coloqué en 2003 con Dámaso González. Después fui con figuras como Esplá, César Jiménez, César Rincón y ahora de nuevo con César Jiménez.
         
-¿Se acostumbra uno a jugársela cada tarde? 
A eso no te acostumbras nunca. Cada tarde es un mundo y el miedo siempre se lleva dentro, como también se lleva la responsabilidad. Sientes miedo porque te vas a enfrentar al toro y sientes la responsabilidad por el deseo de que todo salga bien. 
-¿Cómo vives el miedo? 
Me considero un torero más bien poderoso, pero cuando sale uno arreando paso miedo. Con el capote tengo más facilidad, pero con las banderillas lo paso bastante mal.
-En Valencia con las banderillas te has llevado el premio.
El de Valencia es un par que no suelo hacer mucho porque normalmente los toros no se suelen prestar a ello. 
-¿En qué te inspiras? 
No suelo pensar previamente lo que voy a hacer. En Valencia estaba muy a gusto, vi que el toro estaba parado y fue una decisión del momento. Un par así surge de la inspiración del momento. 
-¿Por ejemplo? 
En Madrid o en Sevilla. En Valladolid también con un par andando. Es un par que coge bastante emoción y no está muy visto. 
-¿Qué es para ti una tarde redonda? 
Cuando triunfa el matador. Si César Jiménez hubiese cortado dos orejas en Valencia o Madrid. 
-¿Qué opinas cuando dicen que con un capotazo basta? 
A los toros hay que darles los capotazos que necesiten y dárselos lo mejor posible, por abajo, tirando de él y sin que enganche, entonces no perjudica tanto. Si das tres y engancha en los tres es perjudicial para el toro. 
-Un consejo.
El que me dio el maestro Manzanares. Me dijo que a los toros que no tenían fuerza que no intentara levantarles la mano porque se les podía torear por abajo pero con mucho temple. El temple, ese es el secreto.
Entrevista publicada en APLAUSOS, en el número 1598 del 12 de mayo de 2008

Las Fotos de Mondéjar  

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