ALBACETE, 100 AÑOS TAURINOS (2)


El nueve de septiembre de 1917 abrió sus puertas por primera vez la actual plaza de toros de Albacete, una joya arquitectónica que inspiró la construcción de otros cosos taurinos.


Si Albacete puede sentirse legítimamente orgulloso de su Feria, sustentada en las fiestas taurinas, no menos debe estarlo del recinto, monumento singular, en el que se desarrollan los festejos que tienen al toro por protagonista.



ALBACETE, 100 AÑOS TAURINOS (2)
Torero a hombros en Casas Ibañez (Albacete). Año 1958.
CAPÍTULO I
ANTECEDENTES

La plaza de toros ubicada entre las calles de la Feria, Juan Sebastián Elcano, García Más y Arenal es el quinto coso que ha tenido la ciudad, aunque existen indicios de que tal vez existiera un sexto. En concreto, el cronista Sánchez Torres aludió a esa posibilidad, pero sin documentarla.
El diestro Joselito viendo doblar al último toro
que lidió en la plaza de toros vieja de Albacete.

El semanario "Crónica de Albacete", en un amplio informe publicado con motivo del LXXV aniversario de la inauguración de la plaza, en 1992, recogía tal especulación. "Con las naturales reservas, porque no ha sido posible localizar documento alguno que lo atestigüe, cabría la posibilidad de que en Albacete hubiera existido otra plaza -serían seis, entonces, en vez de cinco- anterior a la llamada Plaza Vieja y sin duda en simultaneidad con ésta y con la Plaza de Caulín.

El único dato parte del cronista Sánchez Torres, que al referirse a la construcción de la Plaza Vieja dice simplemente que se construyó una plaza de toros "en el mismo sitio que estaba la antigua". Si se tiene en cuenta que el dato está referido a 1829 y que la Plaza de Caulín funcionó hasta 1895, es indudable que hubo otro coso, el sexto.

No obstante, aun tratándose de un investigador tan escrupuloso como Sánchez Torres, hay que conceder un margen a posible confusión, pues si su afirmación es rotunda no deja de ser muy extraño que se carezca absolutamente de información al respecto.

En cualquier caso, las auténticas plazas de toros de Albacete son dos, la Vieja y la actual. Las otras que se registran en estos documentos fueron de escasa entidad, aprovechando recintos no construidos con esa finalidad.
Cándido Martínez
"Mancheguito", primer
matador de toros
albaceteño que se doctoró
en la plaza vieja.
Por otra parte no hace mucho tiempo, en las afueras de la capital, en las proximidades de la Vereda de Jaén, existió la placita de «Juanillo el picaor», donde se corrían reses bravas en fiestas privadas".

La Plaza Vieja fue el marco de la consolidación de Albacete como un centro taurino de indudable importancia en el ámbito nacional. Naturalmente, los parámetros eran bien distintos a los de la actualidad.
  
Izquierda: Plano aéreo de la actual plaza de toros y a su izquierda la ubicación donde se encontraba la vieja.
Derecha: "Saleri 11", en el momento de estoquear un toro de Samuel Hermanos durante la Feria que inauguró la plaza.

Su construcción se debió a la iniciativa privada. Fueron los empresarios taurinos Antonio Sánchez (Cuesta) y Francisco Gómez González, los primeros de la historia de Albacete, los que solicitaron que se les concediera la explotación de la plaza por un período de cinco años, con el compromiso de hacer un importante donativo para ayudar al mantenimiento del hospital de San Julián.

El cronista Juan Molina describe los avatares de los antecedentes, construcción, inauguración y desarrollo de los espectáculos, que tuvieron lugar durante 88 años, el tiempo de existencia de la Plaza Vieja, en la que fueron frecuentes festejos de lidia ordinaria, pero también aquellos que fueron cayendo en desuso y prohibición, como los de perros de presa que atacaban a toros, corridas simultáneas a plaza partida y otros acontecimientos más cercano al circo que a la lidia, tal y como se entiende en nuestros días.

Las primeras gestiones iniciadas para la realización de las obras de la Plaza Vieja toman estado oficial en el siguiente acuerdo del Ayuntamiento de 1828:
"También se da cuenta del memorial y diligencias que se han practicado por disposición y acuerdo de esta Corporación en vista de la solicitud de Antonio Sánchez (Cuesta) y Francisco Gómez González, sobre que se impetre de S.M. (Q.D.G.) la correspondiente licencia y permiso para la celebración de cinco corridas de toros de muerte en los días de feria de esta villa en primeros del mes de septiembre de los cinco años próximos vinientes a fin de facilitar el auxilio y donativos que ofrecen de 1.500 reales para el Hospital de San Julián de este pueblo en el que tienen entrada los militares enfermos que transitan por el mismo y cuyo establecimiento se encuentra en el más lamentable estado de decadencia... De una conformidad acordaron interponer los recursos oportunos ante S.M. por si merecía su Soberana aprobación y Real agrado, se digne conceder la correspondiente licencia y permiso para la celebración y socorro que se ofrece y que en cuanto a la concesión del sitio que se solicita que se verifique precisamente con la obligación de satisfacerse por los interesados el canon actual que corresponde al terreno realengo de su comprehensión."
Cartel original de la última corrida celebrada
en la antigua plaza de toros.
Una Real Orden de 7 de marzo de 1829 otorgó la licencia, aclarando algunas dudas que sugirió Cartel original de la última corrido celebrada en la antigua plaza de tora. la citada disposición por el Real y Supremo Consejo de Castilla, como que la concesión se hizo a los solicitantes y no a los síndicos; que los cinco años se entendían incluido el 1829; que las corridas eran por tres días; y que los 1.500 reales se habían de dar sin descontar gastos de construcción ni otros. El Consejo estableció que las cuentas se llevasen por el Corregidor y que el producto, deducido gastos, fuera para el hospital.

En su consecuencia se acometió la edificación seguidamente. Se hizo a base de piedra, tierra y ladrillo. Constaba de dos pisos, el primero para tendido y el otro con graderías y palcos, más los correspondientes servicios, Consejería y demás adelantos propios de aquellos tiempos, y era capaz para siete mil espectadores.

Se inauguró el nueve de septiembre de 1829 con la lidia de diez toros: cinco de la ganadería de don Fernando Freire, de Alcalá del Río (Sevilla) y cinco de Gil Flores, de Alcaraz (Albacete) por los famosos Juan Jiménez 'El Morenillo' y Manuel Lucas Blanco. La última corrida tuvo lugar el 13 de septiembre de 1916 corriéndose seis Miuras por Pacomio Peribáñez, Agustín García 'Malla' y Julián Saiz 'Saleri 11'. En esta corrida resultaron cogidos Peribáñez y Malla, por cuya circunstancia hubo de estoquear cuatro toros Saleri 11, que estuvo muy valiente y pundonoroso, otorgándosele la oreja del último, cárdeno claro, corniabierto y con muchas arrobas. Este toro corneó aparatosamente al banderillero Antonio Boto 'Regaterín' causándole pequeñas lesiones en el cuero cabelludo.
Entre los hechos singulares que aconteciera en la Plaza Vieja cabe señalar el doctorado del primer matador de toros albaceteño, Cándido Martínez «Mancheguito», que el día 9 de septiembre de 1895 recibió los trastos de Julio Aparicio «Fabrilo», con «Reverte» de testigo.
La tragedia de la fiesta brava surgió en dos ocasiones; la primera fue en la tarde del 24 de junio de 1908, cuando un toro albinegro de Agustín Flores segó la vida del banderillero Antonio Mula «Oliverito», debido a una certera cornada cuando se disponía a colocarle el primer par de banderillas; la segunda, el 9 de septiembre de 1913, cuando el picador Bautista Santonja «Artillero» fue derribado corneado y muerto, actuando a las órdenes de Vicente Pastor.

Sería prolijo relatar hechos que hoy parecen anécdotas inusitadas, pero que a lo largo del pasado siglo menudeaban tanto en la Plaza Vieja de Albacete como en la del resto de España. Valga como muestra el anuncio que se hizo durante la Feria de 1931, sobre la novedad que se introduciría en el espectáculo, lo que rescata "Crónica de Albacete" en el aludido informe.
"Se previene al público que en lugar de perros se usará de banderillas de fuego y se pondrá una mona (sic) en medio de la plaza para mayor diversión de los concurrentes".
La plaza, que, como queda documentado, se construyó para una vida útil de cinco años, duró en pie nada menos que 88. En la Feria de 1916, un toro de Palha sentenció su demolición, puesto que los estropicios que produjo en los corrales y en los pasillos de los chiqueros indujeron a las autoridades a acometer la construcción de un nuevo coso taurino. Se temía que se derrumbara de puro vieja.
Extraído del libro PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
DESDE 1917, CAMINO DE UN SIGLO EN LA FIESTA BRAVA
Con autorización de Carlos Gutiérrez García.
Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario