ALBACETE, 100 AÑOS TAURINOS (3)


El primer paso de la historia de la construcción de la nueva plaza hay que centrarla, según las distintas y variadas fuentes históricas y documentales consultadas, en la indignación que existía entre los albacetenses tras la celebración de las corridas de la Feria de 1916, sobre todo por la incomodidad que ya se hacía patente en la vieja plaza, al ser considerado el edificio como viejo y antiestético y sobre todo de poca seguridad para los asistentes.

CAPÍTULO II
PRIMEROS PASOS PARA LA CONSTRUCCIÓN

1ª Parte
En consecuencia, se llegó incluso a comentar que muchos de los aficionados y sus familias no acudirían a presenciar su espectáculo favorito sobre todo por el temor de que pudiera ocurrir una catástrofe por la mencionada falta de seguridad.
Todo ello se vio además favorecido como caldo de cultivo de estas protestas por los comentados desarreglos producidos en la vieja plaza el 11 de septiembre de 1916 cuando un toro de la ganadería portuguesa de Palha rompió puertas, barreras y contrabarreras, estando a punto de escaparse y llegar a la zona habilitada para el tendido. Esta situación fue la última gota que colmó el vaso, hasta el punto de que el alcalde de la época, Francisco Fontecha, «alentado por los vecinos y la prensa, piensa y decide convocar a una reunión al mayor número de vecinos e interesados posible con el fin de tomar una decisión al respecto», se lee en algunos documentos de la época.

Negativo del dibujo del plano de la plaza de toros de Albacete, realizado con la sofisticada técnica para la época, en el que se refle¡a el primer diseño para la construcción; se aprecia la existencia de un segundo piso.
De esa manera, el 20 de septiembre de 1916 se celebró la mencionada reunión en la Casa Consistorial y tras la exposición del alcalde, en la que en primer lugar aseguró la realización de otras acciones culturales y benéficas, propuso la construcción de una nueva plaza de toros argumentando en primer lugar los motivos aludidos de falta de seguridad del viejo coso y también la certeza de que con la nueva plaza se podía dar más esplendor a la Feria y en consecuencia atraer a más forasteros.

Así las cosas, Francisco Fontecha hizo la propuesta de la construcción de la plaza de toros, que tendría mayor capacidad y comodidad. La respuesta positiva de los numerosos asistentes a la reunión no se hizo esperar y fue aceptada por aclamación.

En esa situación tan favorable para el cambio, los albacetenses y al frente de todos ellos la corporación municipal se pusieron manos a la obra y sin pérdida de tiempo se abrió en aquel mismo acto en el Ayuntamiento una suscripción popular, que inicialmente alcanzó la cantidad de 299.750 pesetas elevada posteriormente a 338.250 pesetas, con un aumento de otros socios que se adhirieron a la idea.

A pesar de que los tiempos no estaban para muchas florituras económicas, se hicieron acciones de 250 pesetas pagaderas en 10 mensualidades, concediéndose al Ayuntamiento el derecho de amortizarlas por sorteos anuales al tipo de emisión.
El Ayuntamiento, por su parte, buscó razones de todo tipo para apoyar este proyecto, tan solicitado por los albacetenses, con la idea de buscar cada vez un mayor esplendor para la Feria y también con la intención de conseguir la propiedad de la plaza. Así, acordó, en una sesión celebrada el 25 de septiembre de 1916, suscribir 30.000 pesetas de acciones, comprometiéndose además a consignar en sus presupuestos la cantidad de 10.000 pesetas como mínimo, para amortizar anualmente y por sorteo 40 acciones por lo menos de la futura sociedad que se formase para llevar hacia adelante esta iniciativa, que contó de forma especial con el beneplácito de todo el pueblo, lo que ponía de manifiesto de manera muy relevante la gran afición taurina existente en la capital, que se volcó con la idea, o mejor dicho que fue quien a través de distintos grupos la reclamó de forma insistente, como se recoge claramente en la prensa de la época, cuyas informaciones eran unánimemente tajantes en este sentido.

Aceptada la propuesta por aclamación -dice Joaquín Quijada Valdivieso en "Albacete en el siglo XX" - se abrió una suscripción que en el acto alcanzó la cifra de 299.750 pesetas, elevadas después a 338.250. El Ayuntamiento, por su parte, deseoso de cooperar en la realización de este proyecto, que indudablemente había de contribuir al mayor esplendor de nuestra Feria, y con el propósito de adquirirla propiedad de la Plaza, acordó en sesión de 25 de Septiembre de 1916 suscribir 30.000 pesetas en acciones, comprometiéndose a consignar 10.000 pesetas como mínimo para amortizar anualmente y por sorteo cuarenta acciones, por lo menos, de la sociedad que se formase.

Se constituyó por escritura pública, otorgada ante el notario don Juan Ciller, en 9 de Noviembre de 1916, una sociedad anónima con el título de Taurina de Albacete, para la construcción y explotación de una Plaza de Toros, con un capital de 350.000 pesetas, elevado después a 500.000.
Quedó establecido en sus estatutos que el alcalde de la ciudad sería siempre presidente del Consejo de Administración, constituyéndose éste en la forma siguiente: presidente, e alcalde, que por aquella fecha era don Francisco Fontecha Nieto, y a la vez fue elegido vocal del Consejo; vicepresidente don José Mañas Guspi; tesorero don José Cabot Jubany; vocales don Francisco Fontecha Nieto, don Abelardo García Moscardó, don Samuel Flores Flores, don Francisco Sánchez Silva y don Felipe Soto Fernández; secretario don Joaquín Quijada Valdivieso.

Solventados ya una serie de escollos importantes, aunque ahora faltaban otros también de mucha relevancia, como la ubicación que tendría el nuevo coso taurino. Se estuvieron realizando indagaciones para lograr el lugar más adecuado y de máxima rentabilidad y el enclave no podía ser otro, lógicamente, que terrenos situados en las inmediaciones de la Feria, pues de esa manera se seguiría con la tradición, al estar situado el viejo coso en una zona cercana y también se lograba dar esplendor e importancia a la zona ferial.

Por ello, se hicieron ciertas negociaciones que llevaron consigo algunas dificultades y al final de todo se adquirió para solar un bancal de doña Mercedes Alfaro de Lodares, que tenía una cabida de 7.005 metros cuadrados, a lo que se unió posteriormente una huerta de la que era propietaria doña Llanos Cortés García con una extensión de 11.122 metros cuadrados. Se pagaron por la primera finca 17.512 pesetas y por la segunda 17.000 pesetas.

Una vez que ya se tenía el solar, el siguiente paso era estudiar y seleccionar los arquitectos a los que se adjudicaría el proyecto de construcción. De esta manera, fueron barajadas varias posibilidades y al final la corporación y la «Sociedad Taurina de Albacete» eligieron los nombres de dos arquitectos, uno de ellos muy joven, pues acababa de terminar sus estudios de arquitectura y sería su primer proyecto como profesional.

Julio Carrilero Prat fue el arquitecto albaceteño encargado de redactar el proyecto de construcción, junto a su compañero, Manuel Sainz de Vicuña, que aceptaron con sumo honor tal oferta y se pusieron a trabajar inmediatamente con la intención y el ánimo hecho, a pesar de todas las dificultades que podían surgir, de que en la Feria de 1917 Albacete contara con una nueva plaza de toros, como había sido el deseo de los aficionados y de la propia corporación municipal.
El tiempo para la construcción de la nueva plaza de toros apremiaba y por eso los responsables municipales no tardaron en llevar a cabo los trámites administrativos para comenzar el proyecto que era especialmente esperado por los albacetenses y sobre todo por los aficionados a los toros, dadas las condiciones insostenibles en las que se encontraba el viejo coso de la capital.
Extraído del libro PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
DESDE 1917, CAMINO DE UN SIGLO EN LA FIESTA BRAVA
Con autorización de Carlos Gutiérrez García.
Continuará...
Ángel Alcaraz "Angelete" toreando sentado en una silla en la Plaza de toros de Albacete. Posiblemente esta foto sea del 17 de septiembre de 1961.

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