CARTELES CON HISTORIA: AÑO 1907, ESTAMPA CAMPERA


En la feria de 1907 los espectadores pudieron presencias el doctorado de “Corchaíto”, que el nueve de septiembre recibió el doctorado de manos de Minuto, que le cedió un ejemplar de la ganadería de Fernández Nandín.



La ceremonia se produjo en presencia de Rafael González “Machaquito”, que era el torero preferido de los albaceteños de la primera década de siglo.

Los tres espadas repitieron el día diez la actuación, en esta ocasión con ejemplares de Anastasio Martín.

El cartel es una estampa campera cargada de sabor. El vaquero ha caído derribado de su caballo por la acometida de un toro berrendo en colorao después de haber intentado contener su embestida, como demuestra la garrocha partida junto al caballo. Destocado de su sombrero de ala ancha y con el cabello cubierto por un pañuelo, el jinete desmontado, ya con apariencia de bandolero serrano, trata de salvar la situación en un improvisado intento de torear con la manta estribera a modo de capote.

A lo lejos, un compañero que conduce otros toros acude en su auxilio.

Una imagen tan bella como desusada.

Extraído del libro Un siglo de Carteles Taurinos con autorización de Carlos Gutiérrez

EL CARTEL Y LAS CRÓNICAS DE LA FERIA DE 1907


EL IMPARCIAL
Madrid – Año XLI – Núm. 14.541

Miércoles 11 de Septiembre de 1907
LOS TOROS POR TELÉGRAFO
 De nuestro corresponsal.
Albacete 10 (7,30 tarde)

Ayer descargó una lluvia torrencial acompañada de formidables truenos.

Por esta causa asistió a la corrida de toros muy poca gente. Los toros de Nandín fueron medianos, excepto los lidiados en cuarto y sexto lugar que dieron bastante juego. Mataron 11 caballos.

Minuto estuvo muy bien en el toro tercero, al que mató de una estocada magistral por la que el público le concedió una oreja. En su segundo toro cumplió.

Machaquito bien, aunque le correspondieron los dos bueyes.

Corchaíto mediano en su primero y muy bien en el sexto.

Bregando y en banderillas el Patatero.

En la segunda corrida de toros de Anastasio Martín se portaron medianamente.

Minuto muy bien en sus faenas; Machaquito bien y superiorísimo en el quinto, al que echó a rodar de un volapié monumental, ganando una ovación y la oreja.

Corchaíto, lucido en la brega y en banderillas no tuvo tanta fortuna al matar.

Los espadas banderillearon, quebrando un par Corchaíto.

PUBLICACIONES SOBRE LA FERIA EN 1907

FERIAS Y FESTEJOS
La Feria de Albacete
Hoy comenzaron las fiestas; ese aire de bullicioso, alegría que satura al ambiente, se ha filtrado en nuestros pulmones, dando vida y energías a nuestros cerebros y esperanzas a nuestro corazón.

Para el manchego neto, la tradicional feria de Albacete es fausto suceso qua se espera durante todo el año, es la fiesta grande. La feria es algo para Albacete, qua significa la ratificación de su personalidad en el Mapa de España.

En época ordinaria, Albacete es para sus vecinos la ciudad pacífica y sosegada, donde el rico consume la renta de su capital en una vida tranquila de cómoda rutina, y el pobre aguanta sus miserias y sus escaseces con una pasividad, una inercia islamítica. 

Para el viajero que se detiene unos instantes en nuestra estación del ferrocarril, Albacete es un brochazo verdoso y rojizo en esta inacabable llanura manchega árida, con aridez de desierto, y silenciosa, con el silencio del cementerio. 

Para el elemento oficial de funcionarios del Estado, una especia de destierro en su vida, alentada por el ansia de elevarse y engrandecerse. 

Para los políticos, lo mismo los de arriba que los de abajo, una especie de pastaflora o cera virgen, capaz de adaptarse a la forma y modelado que sus voluntades omnímodas le quieren dar. 

Para curas, frailes y monjas, mojigatos y beatas, un terreno preparado para su provechoso cultivo. 

Pero en la natural sucesión de días y meses llega una fecha, la feria, y nuestra capital cambia da aspecto; su nombra se repite de boca en boca por nuestros numerosos visitantes; y nosotros, nos despojamos de la raída capa remendosa y sucia y cubrimos nuestra insignificancia con el manto chillón de brillante y engomada percalina y la diadema de oropel, presentándonos a los forasteros como hidalgos endomingados, satisfechos, envanecidos y sonrientes, sin pensar que por bajo del flamante casacón asoma la desfilachada camisa de dudosa limpieza y que en la sonrisa feliz de hombre satisfecho se disimula el bostezo cruel del hambriento. 
Y pasan veloces como una vibración armoniosa que se va extinguiendo rápidamente, los días del jolgorio y de las fiestas dejando en nuestra alma el sentimiento de una dicha desvanecida apoco de nacer; callaron músicas y rondas, apagáronse los ecos de la canción y el rasguear de la guitarra; terminó la comedia arrojando el disfraz y la diadema. Volvemos a nuestra vida monótona, quedando al descubierto nuestras miserias que nadie se tomó el trabajo de remediar y entre todos las encubrimos. 

¿Quién pensará que para mí no tiene nuestra feria, la típica feria de Albacete las notas de agradable armonía que despiertan los entusiasmos de todo buen manchego?

Pero me apena, nos apaña a los hijos de la hidalga provincia, que con afeites, pomadas y mejunjes se quiera hermosear la faz escuálida de la matrona manchega que luciría radiante de hermosura con sólo hacer que desapareciese esa miseria que consume su vida lentamente. 

Francisco Vergara, Albacete 7 Septiembre de 1907.

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