UN TORERO A HOMBROS ENTRA EN EL CIELO; IVÁN FANDIÑO


EL MISTERIO DE LA MUERTE

Cuando el sábado plegaba alas y le daba paso a la noche calurosa de un mes de junio cualquiera, desde Francia llegaba la peor noticia que el mundo de los toros puede tener, la muerte de un torero.




Una noticia que hiela y que entristece, un suceso que no queremos que pase pero que forma parte de la idiosincrasia de la fiesta de los toros. No hay nada más real que jugarse la vida delante de las astas de un animal. En tiempos donde la mentira y el teatro está tan dentro de la sociedad que la atonta y la corrompe, la verdad, la cruda y trágica verdad, hace de la tauromaquia un elemento para mentes cuerdas que no se asustan ante la parca y que siguen adelante honrando la memoria de lo que lo dieron todo, alguno hasta la vida, por el rito de la bravura y la valentía, de la arena bañada con el sudor del esfuerzo, del clamor del triunfo, de la sangre y de la muerte.

El fallecimiento de Iván Fandiño en la plaza de Aire-sur-l’Adour es equiparable al enigmático caso de la muerte de Paquirri en Pozoblanco. Mucho se hablará estos días de las casualidades y matices que llevaron al fatal desenlace. Un Cuarto Milenio lleno de incógnitas que dan para escribir libros de misterio. Un toro de Baltasar Ibán con B cornea mortalmente a un torero Iván con V vestido de canela y oro, con el mismo traje que salió a hombros por la puerta grande de la plaza de toros de las Ventas de Madrid en pleno San Isidro, once meses después de que Víctor Barrio subiera al cielo en Teruel. Once meses que también fueron de la muerte de Paquirri a la del Yiyo en Colmenar. Once de septiembre, once de marzo, once de mayo. Para que luego digan que es el  13 el de la mala suerte.

“Provechito” que estuvo de sobrero en la novillada del Zapato de Oro de Arnedo del pasado año y que ni siquiera le correspondió en suerte y que llega como toro a  Aire-sur-l’Adour. Un torero que estuvo acartelado con Juan José Padilla en Zaragoza el día de la cornada donde perdió un ojo. Síntomas de otro cartel maldito. Un quite por no querer dejarse nada dentro, un pequeño traspiés, una cornada que no sangra. Un pulmón y un riñón destrozados. Una vena cava liberando vida. Un parsimonioso traslado a la enfermería que enerva a todo taurino que ve las imágenes. Un banderillero, “Jarocho”, que vio también como entre sus manos se iba la vida de Víctor Barrio. Un equipo médico superado por las circunstancias. 50 minutos grotescos esperando una UCI móvil. Y esas frases que quedan en la historia como las de Paco en Pozoblanco, “Que se den prisa en llevarme al hospital que me estoy muriendo”; ”siento como que abandono el cuerpo”

     

Un traslado de 30 minutos hasta Mont de Marsan. Una parada cardiorrespiratoria en el trayecto de la que es estabilizado. Otra llegando al hospital de la que ya no puede salir. Un parte médico que no llega. Un crespón negro en la fiesta de los toros. Una familia destrozada. Un amigo vacío por apoderado.

Mucho Dolor y Mucha Pena. Pantanos desbordados de lágrimas de su grandeza. Fandiño ha muerto...

Y cuatro “hijos de puta” celebrándolo.

Lo de la muerte neuronal de esta sociedad también es un misterio. Aquí si tienes trabajo para largo Iker Jiménez.

Por Fran Pérez para El Muletazo.com
Fotos de Iván Fandiño el 16 de septiembre de 2014 en la 9ª de abono de la Feria de Albacete.
Curiosamente vestía el mismo traje.

D.E.P.


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