FALLECE EL REY DEL TEMPLE, DÁMASO GONZÁLEZ


¡Que cosas tiene la vida! que justo cuando la Plaza de Toros de Albacete está dispuesta para cumplir 100 años y poco antes de empezar la Feria, tengamos que decir adiós a alguien que tantas tardes levantó a público de su asiento con el grito de "torero, torero" en el albero albaceteño. Que complicado se hace decir adiós a alguien con quien nunca tuve el placer de hablar, pero que siendo amigo de mi padre, ya lo era mio. Seguro que en estos momento, el MAESTRO DÁMASO, ya está dando su primera vuelta al Ruedo del cielo. Y seguro también, que Mondéjar está a pié de barrera tomándole una instantánea.

D.E.P.



EL GRAN DÁMASO Y VILLARROBLEDO


Por Santos García Catalán


Mucho se ha escrito en esta mañana luctuosa tras conocerse la triste y sorpresiva noticia de la muerte del Maestro Dámaso González; es un reconocimiento a su trayectoria y uno ha querido unirse por el paisanaje, por el afecto y por la admiración que siempre he sentido hacia él.

Dámaso González dando la vuelta al ruedo en la Plaza de Toros de Villarrobledo. Aquella tarde cortó 4 orejas y 2 rabos.
Conocí a Dámaso (éramos quintos, aunque él hizo la mili un año antes en Alicante, junto a mi primo Antonio Navarro y quien sería un buen amigo suyo como Fermín del Prado) en sus inicios de las capeas por esos pueblos de Dios; era un privilegiado delante de la cara de aquellos toracos que soltaban por las calles, torero de bragueta y dominador absoluto desde sus inicios.

Luego, con el tiempo, fue perfeccionando uno de los conceptos más difíciles de interpretar del toreo como es el temple. Embrujaba a los toros, los amaestraba, los dominaba a la perfección con esa muleta y esa mano prodigiosa. Con esos pases templados, la quietud y el péndulo se proclamó el indiscutible “Rey del Temple”. Por eso le dieron mucho los toros.

A Dámaso (Damáso le decían en los pueblos y algunos de la capital) le costó llegar porque no era el clásico torero apolíneo, guaperas, alto y esbelto. No, Dámaso añadía a su menudez un cuerpo desaliñado, la corbata desajustada y algo encorvada su cintura cuando se doblaba con los toros. Pero les podía siempre y se quedaba en el sitio donde cogen.

6 de septiembre de 1964, el Rey del Temple se viste por primera vez de luces en la Plaza de toros de Albacete.
Posa junto a "El Barberillo".

Tuve el privilegio de verlo en la última novillada que toreó en Las Ventas y la alternativa en Alicante; me convertí en un seguidor cuando las circunstancias me lo permitían, junto a mi amigo y paisano Valentín Fernández (el peluquero de Villarrobledo). Recuerdo el palizón de la alternativa y es que Dámaso era tozudo y ni se movía en la cara del toro.

Luego acudía a sitios de interés como Las Ventas, donde le contaban los pases. Sí, le contaban los pases y, hasta muchos paseíllos en la Monumental madrileña, no lo tuvieron en cuenta. El público es así. Pero los aficionados del orbe taurino, incluidos los venteños, no tuvieron más remedio que aceptarlo como una gran figura del toreo que fue, de reducida estética, pero con capacidad sin límites y una personalidad arrolladora.

El 2 de septiembre de 1972, Dámaso torea en
la Plaza de Toros de Hellín.
Salda la tarde con 4 orejas y 1 rabo.
Tuve también el privilegio de presentar un homenaje que se le hizo en mi Villarrobledo querido. Fue por iniciativa del desaparecido Pepe Núñez- Cortés (extraordinario cartelista y pintor taurino que ha sido completamente olvidado en su pueblo natal y que merece un homenaje póstumo) junto a Alfonso Martínez, propietario del Hotel restaurante Casa Lorenzo. Allí pude conversar con el Maestro Dámaso en un acto entrañable.

Luego, en mi etapa vallisoletana, volví a saludarlo cuando en 2003 toreó un festival en Iscar con un cartel de auténtico lujo: el propio Dámaso, Finito, Morante, Manolo Sánchez, Leandro y un jovencísimo Manzanares. Y en Iscar se congregó toda la familia: su esposa Feli Tarruella, su hermana Mimi, (esposa de Luis Francisco Esplá) que también acudió al festival. Y allí, conversando con las hermanas, me comentaron que su padre, Tomás Tarruella (†), había nacido en Villarrobledo.

Fue circunstancial, pero ocurrió porque su padre, el abuelo de Feli y Mimi, era director del entonces Banco Central de Villarrobledo y allí nació su hijo Tomás Tarruella que luego sería concejal del consistorio alicantino y presidente del Hércules. Descansa en paz, Maestro Dámaso. Tu toreo y tu bonhomía no se olvidará.

    

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