CRÓNICAS RURALES… DE PINTORES Y TOROS. HUERTA DE REY (BURGOS) 1


La jornada dio para mucho en el pueblo serrano: amigos, buen yantar, toros y coloquio. Por ello lo dividiremos en dos capítulos ya que tenemos material para dar y tomar. La primera parte la dedicaremos prácticamente a Ercilio, y la segunda a Huerta, a su coqueta plaza de toros, a su tradición, a la Peña “La Herrén” (y sus Pinos de Plata) y al triunfo de dos novilleros sin caballos: José Fernando Molina, de Albacete, y Manuel Diosleguarde, de Salamanca, que triunfaron plenamente ante una excelente novillada salmantina de José Cruz; finalizando con el coloquio taurino que cerraba la excelente jornada.

Parte I

Conocí a mi amigo Ercilio Núñez (Ercilio Vidriales) allá por 1997 cuando uno laboraba en la tele de Burgos y hacía crítica taurina. Ercilio entonces presidía la peña taurina “La Herrén” y compaginaba su trabajo de hostelero con la de pintor; la de novillero tuvo que desistir por problemas en la espalda. Porque Ercilio fue un novillero longevo; de los de antes. Y torero peculiar en su época porque fue el único diestro que hizo el “don Tancredo”. Esto se usa mucho en política, ya que hacer el “tranquedismo” consistía (consiste) en ponerse delante del toro (de la oposición) haciendo la estatua sin inmutarse cuando el animal llega a tu jurisdicción. Me entienden…
La R.A.E. (Real Academia de la Lengua) lo explica mejor: Acción o comportamiento en que se aguanta impertérrito un peligro. Lo describe perfectamente Pío Baroja en su novela “La Busca”.
Bien, pues mi amigo Ercilio me volvió a invitar a su pueblo adoptivo de Huerta de Rey (aunque nació en la zamorana Berciales de Vidriales y luego lo acogió Palencia durante 16 años, él se considera huertaño) y hacia Huerta fuimos con la compañía de mi amigo Chuchi (ya saben el abogado-“torero”) para pasar una jornada que luego resultó entretenida en extremo.
Ercilio y María Ángeles (su esposa y maestra de escuela en Huerta durante 36 años) viven en una zona privilegiada de este pueblo típicamente serrano. Una preciosa casa de varias alturas, desde donde se divisa un sugestivo paisaje lleno de color y de vida, acoge a este matrimonio cuyos tres hijos han “volado del nido”: dos en Valladolid y uno en Soria.

Precisamente hemos hablado recientemente en NCYL del mediano de los hijos, Marcos, con motivo de la presentación de su libro: “Las 52 luces para mi vida”. Ercilio y María Ángeles nos recibieron en su casa con los brazos abiertos y, tras el saludo, enseguida preguntamos al anfitrión por su espacio de arte. Ercilio nos condujo a sus rincones favoritos: la bodega, donde alberga cachivaches, cuadros de otras épocas, carteles y fotos de su etapa de novillero; incluidas algunas del citado “don Tancredo”.

Luego subimos a su espacio de arte donde nos mostró sus últimas obras, apuntes y todo lo relacionado con un estudio de pintura. Ercilio pinta, dibuja y crea arte en suma. Sobre todo lo que rodea al mundo del toro. 

Yo, inculto de mí en temas pictóricos, no sabría definir su estilo, pero me gusta por su colorido y belleza. Alfonso Navalón, el irrepetible y gran crítico taurino, dijo de su obra: “ha pintado las entrañas del toreo en su valor, miedo, gloria y tragedia”. Navalón, precisamente, era un hombre culto. Desde la cocina al estudio de Ercilio nos llegaba un aroma irresistible. Era la hora de la manduca y suponíamos que María Angeles andaba entre fogones.

Antes, el generoso pintor nos obsequió a Chuchi y a un servidor con dos acuarelas dedicadas a la quietud del toreo: Paco Ojeda. ¡Gracias, torero!

Un comedor con unas vistas impresionantes nos esperaba a mesa puesta. Y en ella jamón recién cortado y unas láminas de cecina como entrantes. De la bodega subió Ercilio un blanco viura y un tinto tempranillo de La Rioja; ambos de la marca “Sonsierra”. Son caldos de la tierra de María Ángeles, donde aún posee propiedades y anualmente recibe su parte de vino. Tanto el viura como el tempranillo entraron con ansia en el tramo inicial. Luego vendría un salpicón de marisco que devoramos con fruición.

En la mitad del festín llegó Marcos que nos hizo compañía y, tras él, nos llegaba ese aroma irresistible… en forma de caldereta de lechazo, cuyo autor no fue María Ángeles sino el propio Ercilio que quiso recordar sus años de restaurador. Y el acuerdo fue total porque la cazuela quedó completamente limpia. ¡Bien, torero!
Tras despedirnos de María Ángeles y de Marcos, ya camino de la plaza de toros, hicimos parada en uno de los bares para tomar café junto a José María, un veterinario y peñista de “La Herrén” quien se unió a nosotros para pasar una excelente tarde de toros. Pero esa narración vendrá en la segunda parte.

Huerta de Rey. Todavía conserva este pueblo una elegante traza medieval, con una arquitectura popular en al que se aprecian claramente las influencias de las dos zonas que confluyen sobre el pueblo: la Sierra de la Demanda y la Ribera del Duero. Monte de Zarrazuela.



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