EL COTILLEO DE LA CRIADA DE LA MARQUESA...



En “La trompeta de los ángeles”, continuaba caminando la señora marquesa, la de la mano cortada. Como tenía tanto que decir...


“-Sí, que me lo dijo a mí la criada de la Marquesa hace ya tiempo, antes de lo de la mano. Eso es para que luego te creas que yo no sé nada. Pues mira, a lo mejor más que tú, que en el puesto de la fruta donde compro, lleva los plátanos un hombre, que tenía alquilado para que se le maduraran, uno de los sótanos del palacio. 

El que estaba más cerca de la puerta principal, largo de otros cuantos, donde por lo visto pasaba de todo. A lo último, tanto se decía, que a su esposa no le daba gusto que tuviera allí los plátanos, pero como les hacían buen precio y dicen que la señora marquesa, dos veces que la vieron, porque todo los de los alquileres lo llevaba el contable, los trato con mucha educación.

De la que soltaban maravillas, era de la hija, decían que era muy buena y que hacía muchas obras de caridad. Trabajaba en unas oficinas, de no sé qué Instituto, si espera, del Instituto Nacional de Previsión, pero no me preguntes porque no tengo ni idea de que es el sitio ese. Sé que vivía en un apartamento, por enfrente de la madre. Era soltera, pero a lo último decían que se había echado un novio, de aquí de Albacete, un tal Panadero de apellido, que dibujaba muy bien y le hacía cosas a uno que le dicen Perico el Encuadernador, que tiene un taller en la calle el Rosario. Yo no sé quién es el novio ese, pero tendría que ser de posibles, de gente de cuartos quiero decir, para juntarse con familia semejante…

Soltó la retahíla de una, orgullosa de saber todo aquello, que no tendría tantos estudios como él, pero a espabilada no la ganaba nadie y con lo que iba recogiendo de un lado y de otro, había creado su propia historia de aquella casa. Por eso iba medio loca por sacar algo más, para terminar de completarla.

-Y de los hombres de negro, que salían por la noche ni te quiero contar, eso se lo he oído a la pequeña de mis amas, que yo a esas horas ya no estoy por aquí, ella dice que los ha visto más de una vez por la ventanilla que da a la pila, pero deja, deja, que empiezo a pensar que son ánimas y no hay quien me haga dormir, que me creo que van a venir a estirarme de los pies. Luego le sacas la conversación, ya verás cómo te lo dice, con lo que le gusta cascar…”

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