ALBACETE, 100 AÑOS TAURINOS (25) - Epílogo


Desde el pasado 12 de mayo hasta hoy, y durante 24 capítulos, esta página ha tenido el enorme honor de poder contar la historia de la Plaza de Toros de Albacete, “Desde 1917, Camino de un siglo de la Fiesta Brava”. Una obra de José Sánchez Robles y Carlos Gutiérrez García, que con una enorme generosidad, Carlos ofreció para que los lectores de Con Sabor a Albacete saboreasen con gran detalle, las vicisitudes de la gestación de nuestra querida Plaza de Toros.


No hablamos de "La Chata"

Carlos, que fue la persona con la que traté para llevar a todos vosotros el contenido del libro, tan solo me puso una condición, la cual no era otra que la de no nombrar a nuestra Plaza de Toros como “La Chata” (Espero que me perdone el haberlo hecho hoy), y ahora que conozco el motivo, no solo no lo he hecho en ningún momento, sino que además así lo he mencionado en varias ocasiones a todo aquel que de este modo la indicaba.

Motivos hay para no llamar de ese modo a nuestra Plaza, a pesar de que muchos aficionados así lo hagan con cariño, pero es que en realidad “La Chata” es la Plaza de Toros de Vista Alegre, en Carabanchel (Madrid), inaugurada en julio de 1908.

La plaza de toros de Vista Alegre fue destruida durante la Guerra Civil, por lo que fue reconstruida durante la posguerra, en el año 1944, quedando de forma inconclusa, de ahí el nombre de "La Chata" con el que fue conocida a partir de entonces. En la actualidad ese espacio lo ocupa el Palacio de Vista Alegre, inaugurado en marzo de 2001. (Fuente: Del toro al infinito)

Entonces… ¿Por qué se le llama a nuestra Plaza “La Chata”?

Según Carlos Gutiérrez, este término lo introdujo un cronista madrileño, pero que estaba afincado en Albacete, y conocido como Don Cándido, quien al parecer en alguna ocasión comentó que la Plaza de Albacete le recordaba mucho a “La Chata” de Carabanchel. Don Cándido era Cándido Molina, y hermano del también cronista Antonio Molina, conocido como “Don Tono”. Así mismo era el padre del novillero Gabriel Molina, quien ha aparecido aquí en varias ocasiones, pero… no nos desviemos del tema.

Y es que las diferencias, ¡son enormes!

Para ello no hay más que ver la una y la otra para darnos cuenta que cualquier parecido es fruto de la imaginación y que en nada se asemejan. Así pues ya sabes de donde viene el sobrenombre, a todas luces incorrecto, equivocado y para nada original. Es por esto que nuestra Plaza no es “La Chata”, y aunque por ahora no tenga nombre, lo correcto es llamarla como lo que es, la Plaza de Toros de Albacete, ni más, ni menos.

     

Pues cumplida la condición, con todas las de la ley puesto que razón lleva, hemos disfrutado semana tras semana de una gran obra que nos ha dado a conocer datos que casi seguro desconocías, o por lo menos gran parte de ellos. Si bien es cierto que las imágenes que acompañaban, salvo las correspondientes a la obra, no pertenecen a la época por ser instantáneas del fotógrafo Mondéjar (mi padre) y por consiguiente posteriores, pero que con un poco de tratamiento, pues tampoco han quedado mal.

Tradición taurina.

Albacete ha sido por tradición una ciudad taurina desde aquella primera Plaza allá por el año 1829, en la que se despertase la afición, una afición que a día de hoy, creo, cuenta con una salud envidiable, máxime si nos fijamos en la época tan crítica con la Fiesta que estamos viviendo en la actualidad. Por ello Albacete tiene una afición sólida, de gran entendimiento en temas taurinos y cuyos cimientos serán difíciles de doblegar.


La ciudad he tenido tiempos de gloria, en lo que a maestros se refiere. De hecho en el año 1958 Albacete contaba con el mayor número de toreros de España, contando con un total de 3 matadores de Toros y doce novilleros con caballos. Además contaba con 47 profesionales y 132 novilleros aspirantes. Eran tiempos de Juan Montero, Abelardo Vergara, Cabañero, Pedrés o Chicuelo II entre otros, y en vista de ser toreros contábamos con Manuel Amador, Gabriel Molina, Pepe Osuna, Mariano de la Viña o Luis Montero, sin desmerecer a los que por cuestiones de espacio no nombramos… Todos ellos han forjado unas fuertes raíces de aficionados taurinos difíciles de doblegar a poco que se rieguen.

Buenos argumentos.

Por todo libros como este son necesarios para afianzar la afición, calando fuerte, con datos bien referidos y argumentados, haciendo del libro una lectura amena y entretenida. Es una verdadera lástima que algunos aficionados no tomen la misma dedicación y cuidado en las formas a la hora de contar parte de la historia taurina albaceteña y hacer sus publicaciones.

Agradecidos.

Llegados el final de la obra, no queda más que agradecer de todo corazón a los artífices del libro que os hemos mostrado, José Sánchez Robles y Carlos Gutiérrez García, por haber permitido compartir su trabajo en esta humilde página, la cual ha sido seguida semana a semana por gran cantidad de aficionados, sumando más de 11.000 visitas.
Extraído del libro PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
DESDE 1917, CAMINO DE UN SIGLO EN LA FIESTA BRAVA
Con autorización de Carlos Gutiérrez García.

     
La vieja Plaza de Toros (Fotos: Archivo histórico y web Plaza de Toros de Albacete)


Don Julio Carrilero Prat, que diseñó y dirigió la construcción de la Plaza de Toros de Albacete y trabajó en el equipo que realizó los planos de Las Ventas de Madrid.

No hay comentarios:

Publicar un comentario