LA HELLINERA DOLORES ABRIL


Por Sebastián Moreno.

Mientras hablaba con la cantaora y bailaora de flamenco, estuvo a punto de suceder algo muy grave que habríamos lamentado toda la vida.

Imagen: Coplavisión 

Hellinera de postín
MI ENCUENTRO CON DOLORES ABRIL

Cantaba, bailaba, actriz, guapa, una artista completa. Y paisana. Hablé con ella durante una actuación con el espectáculo de Juanito Valderrama, a principios de los setenta. Como en otras ocasiones ya había hablado con él, sólo me interesaba ella desde su condición de hellinera. Y me atendió, gentilmente, entre actuación y actuación, en un camerino pequeñísimo del Teatro Circo, de Albacete.

Imagen: El arte de vivir el flamenco
La encantaba que le preguntara por su época de Lolita Caballero, solista, antes de integrarse en la compañía de Valderrama. Me contaba que siendo muy niña había actuado en los micrófonos de Radio Albacete y empezó a vislumbrar su vocación artística, que no sólo se dedicó a Hellín pues al ser hija de un guardia civil – la menor de ocho hermanos—vivió su infancia en varios sitios, donde destinaban a su padre.

Recordaba que un empresario valenciano que la oyó en Radio Albacete le ofreció una actuación en Valencia, pero el hombre murió antes de plasmarse. Pero otro empresario valenciano la presentó como estrella en el teatro Ruzafa de la capital del Turia, a principios de los cincuenta. Su debut en Madrid, como Lolita Caballero, fue en 1954, en el teatro Calderón, con el espectáculo “La Copla eterna”. Allí la vio Juanito Valderrama y la fichó para él y para siempre. Le cambió el apellido Caballero por el segundo, Abril.

En esos recuerdos estábamos, esperando a mi fotógrafo Esparcia, cuando fui a sentarme sobre la única silla del camerino, cubierta con una toalla liada. De pronto, Dolores Abril se abalanzó sobre mí gritando: ¡Noooooooo!, señalando que no me sentara. Y tenía razones. Envuelto en la toalla había un bebé, durmiendo, de un par de meses, que me dijo que era su hijo, el hoy Juan Antonio Valderrama, al que estuve a punto de aplastar.

Superado el trance, Dolores Abril me suplicó que no contara la existencia de su hijo. Faltaban muchos años para su matrimonio con Valderrama y sólo unos pocos de su familia sabían que ya era madre.

Escrito por
Sebastián Moreno

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