LA INJUSTICIA DE LAS LEYES EN EL ALTO LA VILLA


“La trompeta de los ángeles” nos habla de las leyes de entonces, cuajadas de injusticia. Esta vez fue la Sandunga la que vivió (o murió) el instante.


“La vio bajar con la cara, aún más descompuesta que antes, sería el helor o que había algo más...

-Ya saben quién ha sido, la Socorrete lo vio salir corriendo, pero no le llegó a ver la cara. Por lo visto, el muy cobarde se metió en Los Claveles y se ha pasado toda la noche con los amigachos, faroleando que había matado a una maricona. Una de las chicas que trabaja allí, la Nani, es conocida de la Morenaca y al cerrar el bar, se ha acercado y las ha enterado de todo. El muy rastrero, que hasta contaba las patás que le había soltao en sus partes (eran partes las apaleadas, las ofendidas…) miasi le diera lo que yo dijera.

-Hay que denunciarlo, esta noche cuando vayamos por la Sandunga, se lo digo. Yo puedo hablar en comisaría y que suban a la casa a tomarle declaración, que ella no va a poder levantarse en unos pocos días.

-Es el sobrino de uno de los médicos de más nombre de Albacete, un camisa vieja, que trata a la gente de cuartos. No hay nada que hacer Miguel, a esos, así te remachen la cabeza, no se les puede ni tocar. No ves, que se tapan los unos a los otros y además en cosa de putas... Y menos la pobre Sandunga, siendo lo que es...

¿Siendo lo que es? ¿Y qué era? ¿Una persona? Las botas de las leyes al pisarla, se echarían a reír con semejante ocurrencia. Tal vez matarla hubiera sido lo correcto, lo justo, sin mediar ni juicio ni nada, así a pelo...

-Yo supongo que tendría que callarme -Llanos llevaba más por dentro de lo que parecía- pero es que se me come el miedo, por eso te digo que cuanto menos se sepa mejor. Hace poco vino un conocido de la Sandunga, a avisarle que llevase cuidao, que se había enterado de barbaridades, que en las cárceles esas que han puesto para los maricas, después de la ley nueva.”

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