RECORDANDO EL TOREO DE ALBACETE AÑOS 50 (Por Santos García Catalán)


Pedrés, Montero y Chicuelo II marcaron una época.

Con el acicate de mi amigo José María Mondéjar (Con Sabor a Albacete), de vez en cuando me gusta repasar y releer las revistas de antaño (tengo algunos ejemplares de El Ruedo) y encontrarme, en este caso, con las figuras de mi tierra que marcaron una época.



Cuando no molestaba a nadie la publicidad convencional en medios eminentemente taurinos encontré, en las páginas de El Ruedo de 1954, a tres paisanos que acababan de encumbrarse; al menos dos de ellos: Pedrés y Chicuelo II; el otro es Juan Montero que, en media página, se anunciaban los tres hermanos: Juan, Luis y Pepe. Juan, toreo clásico y preciosista ya era matador de toros, mientras que sus hermanos luchaban en el escalafón novilleril abriéndose un difícil camino.

De unos como de otros ya les habrá ilustrado José María Mondéjar,  reviviendo los carretes de su padre y con textos de su cosecha más la información que ha ido recabando de amigos taurinos que en Albacete abundan, aunque de aquellas fechas van quedando menos.

En aquella época mi padre, carnicero de profesión, se quedaba con las carnes de bravo que se lidiaban en Villarrobledo (nuestro pueblo) y recuerdo vagamente que por la noche nos dirigíamos a la capital en un destartalado coche de gasógeno que conducía el veterano transportista Eugenio Melero. 

En esa furgoneta de laterales de madera metiámos a los animales lidiados, obviamente desviscerados – sin tripas, vaya- y al día siguiente se vendía su carne con enorme aceptación en el mercado de abastos de Albacete. Ya fueran vacas, toros o novillos; - entonces el Reglamento permitía la lidia y muerte de hembras- todo se vendía en dos mañanas. Nosotros, mi padre y yo, dormíamos en la Pensión Iberia de la calle Salamanca, que por aquellos años regentaba mi tía Pepa.

Mi padre, gran aficionado y seguidor de Pedrés y Chicuelo, se permitía el lujo de “tomar el rápido” por la mañana temprano para viajar hasta Madrid cuando toreaban ambos. En esta ocasión fue con motivo de la confirmación de alternativa de Chicuelo II en un San isidro de 1954 con Jumillano de padrino y Pedrés de testigo.

        

Y es que mi progenitor era íntimo de Enrique Callejas Auñón, a la sazón apoderado de Chicuelo II. Y todo viene por la profesión ya que Callejas procedía de Robledo y se dedicaba a la cría de ganado lanar, que a su vez vendía a mi padre los lechales y ovejas de su producción. Santos García Losa, mi padre, me comentó en más de una ocasión que Callejas se la jugó todo a una carta con el torero de Iniesta y criado en Albacete. 

Manolo, como llamaban íntimamente al gran Chicuelo II, tomó la alternativa a los 24 años tras una incipiente carrera novilleril. Y fue precisamente Enrique Callejas quién apostó fuertemente por él vendiendo todo el capital que tenía en ovejas y lechales para “invertirlo” en el torero. La cosa le salió redonda. Pero había que apostar. Luego llevaría a Serranito, El Caracol, Curro Fuentes y Ortega Cano. Murió en Madrid con casi 90 años.

Qué triste que, rico y creso y en la cresta de la ola, Chicuelo II falleciese a los 31 años en ese fatídico accidente de aviación en Jamaica (1960) cuando regresaba de un viaje a Nueva York. 

        
   La publicidad taurina de aquellos años.   

Lo cierto es que estas miradas a las revistas del pasado me han dado para este artículo que espero les guste. A mí me ha trasladado a la niñez, a la vez que me ha permitido disfrutar con estos figurones del toreo que marcaron una época en Albacete.

Aprovecho para desearles una felices fiestas a la familia taurina y a los lectores de “Con sabor a Albacete”.

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