“LA VOZ DE ALBACETE”: VIVENCIAS DE UN CORRESPONSAL


A finales de los años 70 mi amigo Fermín del Prado me convenció para que fuera corresponsal de “La Voz de Albacete” en mi pueblo, mi querido Villarrobledo. Yo entonces trabajaba con mi familia en el “Bar Los Santos” y siempre tuve la inquietud de informar. 




La “redacción” de la corresponsalía, montada en un altillo que teníamos en el bar estaba dotada de una Olivetti, un teléfono de góndola, una cámara fotográfica -comprada en la tienda de Rosell- y una grabadora enorme que antes había sido radiocasete.

Por Santos García Catalán

De hecho, mis primeros “pinitos” en prensa fue vender por las calles aquel semanario llamado “La Villa y el Roble” que creara en 1961 el ínclito Virgilio Espinar. Luego reeditado por Lorenzo Moreno Nava en los 80. El sueño editorial de Espinar duró escaso tiempo, como casi todos sus negocios. 

Pedro García Munera, editor de “La Voz de Albacete”, ante la sugerencia de su íntimo amigo Fermín del Prado, no dudó en contratarme ya que necesitaba con urgencia a una persona que dedicara un tiempo a la información del rotativo en la zona. Tras una entrevista con Demetrio Gutiérrez Alarcón, director del diario, me metí de lleno en la labor informativa diaria de un poblachón como Villarrobledo, sacando continuamente noticias y reportajes con su gráfica correspondiente. 


Pero además logré convencer a numerosos lectores y seguidores de mis vicisitudes periodísticas para que se suscribieran al periódico, lo que a García Munera le supuso felicitarme por el logro. El encargado de la “logística” era José Joaquín, mi hermano pequeño, quien tras recoger diariamente los ejemplares en el “tren del coche” los distribuía entre los suscriptores. De esta forma, todo, aunque escaso, quedaba en casa. 

Desde la “redacción” de la corresponsalía, montada en un altillo que teníamos en el bar (dotada de una Olivetti, un teléfono de góndola, una cámara fotográfica - comprada en la tienda de Rosell - y una grabadora enorme que antes había sido radiocassette), nos arreglábamos para sacar adelante la información diaria, no sin tener algún disgusto que otro con mi padre ya que a veces olvidaba la obligación por la devoción. 

Fue una etapa difícil y complicada, con algunos episodios graves por aquello de “matar al mensajero”, pero llena de un entusiasmo inaudito. Fue un cambio total en mi vida cotidiana, donde tuve que adentrarme de lleno en “arreglar” averías ortográficas y otras cuestiones literarias debido a mi prematura salida del instituto donde llegué a cursar nada menos que primero de bachillerato elemental. 

A partir de entonces debajo de mi almohada siempre había un diccionario de la RAE y una enciclopedia. Era mi Internet particular. Pero había una constante inquietud en aprender cada día y sacar adelante la información, además de mi sustento principal que era el negocio del bar. 


Desde la corresponsalía de un periódico de provincias se cubría absolutamente todo. Y todo significa todo. Desde los eternos y pesados plenos del consistorio hasta los sucesos que, en aquella época, haberlos hubo y en abundancia; pasando por el fútbol, los toros y el balonmano, que por entonces el “Happening” militaba en la segunda división nacional. Mis recuerdos para Suceso Hernández y Ramón Arenas, tristemente desaparecidos; ambos fueron los artífices de aquel aguerrido equipo, entre los que figuraba mi hermano José Joaquín. 

Fueron muchos los acontecimientos que cubrí durante una etapa corta, pero intensa en “La Voz de Albacete”. Incluso hacía alguna información taurina fuera de mi entorno. Recuerdo una salida a Tarazona para cubrir un festejo taurino cuya gráfica fue realizada por Antonio Mondéjar, un auténtico señor y un profesional en toda la extensión de la palabra. 

Mi salida de La Voz fue por una discrepancia económica con editor y director. Resultó que en las inmediaciones de mi zona de cobertura se estrelló un reactor de la base americana de Torrejón. Cubrí la noticia, pero para ampliar la misma en posterior reportaje visité la base para conocer con más profundidad una serie de aspectos técnicos necesarios. 

En aquella salida me acompañó el fotógrafo de cabecera del periódico que teníamos en Villarrobledo, el desaparecido Angel Laguía, y aprovechamos la ocasión para entrevistar a Paco Ruiz Risueño, a la sazón político albaceteño de la UCD que había sido nombrado para un cargo importante en el organigrama del Gobierno de Suárez. Y, además, aprovechamos la misma ocasión para ver un partido de la Copa de Europa del Real Madrid, en el que nuestro paisano José Antonio Camacho estaba en plena actualidad. 

Resumiendo: se publicaron todos los reportajes en distintos días con todo lo que habíamos cubierto; una doble página de Ruiz Risueño, otra doble página del partido de fútbol con sendas entrevistas a Camacho y al entonces presidente del club blanco, Luis de Carlos. Y días más tarde el reportaje del reactor siniestrado a doble página. Un auténtico logro -modestia aparte- para un reportero de pueblo y corresponsal de un periódico de provincias. Y no cobré ni un duro… 

Ahí están las hemerotecas y ahí se muestran las fotografías con las entrevistas en el propio estadio “Santiago Bernabéu” a Camacho y de Carlos. He incluido, por simple curiosidad, otra foto entrevistando a Manuel Fraga que corresponde a la misma época. 

En otro capítulo contaremos mi paso a “La Verdad” de Murcia, edición Albacete, de la mano de mi buen amigo y paisano Luis Fernando Angosto Madrid, cuando este mandaba, de verdad, en las filas ucedistas albaceteñas en su etapa de secretario general del partido.

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