UN AÑO SIN TI, DÁMASO (Por Javier López-Galiacho)


En mi columna de La Tribuna he querido recordar al amigo Dámaso González, que se fue hace un año, al inmenso torero que perdimos, a ese ser humano que cumplió con creces el mandato de Teresa de Calcuta: "Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz". Yo lo fui contigo Dámaso, en la plaza y cuando me regalaste tu amistad. Como lo fuiste con todo el necesitado que se acercó a ti: discapacitados, personas sin hogar, compañeros en riesgo, etc. Que tu capote celestial no nos falte nunca y que tu ejemplo cale en esta sociedad donde el mal se beneficia del silencio de los buenos. D.E.P.


Por Javier López-Galiacho

Ya un año, querido Dámaso, desde que le sacaron ese billete de ida sin retorno, con destino a la estación término de la Eternidad. Qué días tan duros aquellos cuando Dios llamó a tu puerta. El cartero de la muerte se presentó, como siempre, sin anunciarse.

Seguro que no olvidas tu llamada preocupada desde Los Arenales que hiciste a tu fiel Pepe Huertas, en quien tanto confiabas que hasta le entregaste tu más íntima duda. Tampoco aquel viaje final a la clínica de Madrid en esa mañana de agosto, dedicando la última mirada a tu finca Los Prados, tierra y toros levantados con las costuras de tu entrega absoluta por el toreo. En ese instante eras ya consciente que el toro de la vida te había echado mano para no soltarte. 

Feli lo intuía. ¡Ay tu Feli, cuánto dolor! Nunca olvidaré cómo la mirabas, con qué dulzura y nobleza, buscando siempre el burladero de su amor. Y qué decir de la orfandad de tus hijos Sonia, Marta, Elena y Pelu. 

Fuiste figura inconmensurable del toreo, pero tu mejor faena fue ser marido ejemplar, padre entregado y un abuelo loquito por tu nieto Tristán. 

Y en días todo se terminó. Aquel mensaje en el amanecer del sábado 26 de agosto de Pepe Huertas: «se nos ha muerto Dámaso». Sí, porque te moriste para los tuyos, pero también para todo Albacete que te idolatraba. 

Del día de tu entierro hay una fotografía de Rubén Serrallé en este diario, La Tribuna, que supo retratar el volumen de tu ausencia. Ante su cámara, Feli, de luto, rota, sostenida por tus hijas, parecía una Antígona griega. 

No has muerto Dámaso, porque habitas en el corazón de esa inmensa gente de bien, que condena cuando mancillan el monumento que te levantó ese Pueblo que hoy demanda que se cierre ya el reconocimiento prometido de nuestra ciudad. Yo te rezo mucho porque desde el Cielo sé que nos echas tu capote. 

Estás en la galería de mis héroes. Hace un mes tuve una reunión de trabajo de esas que te piden el carné de identidad. Antes de entrar, me coloqué la corbata a medio anudar y el cuello de la camisa algo levantado, entonces me dije: «y ahora como harías tú, Dámaso, muleta para adelante» 

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