ALBACETE Y EL CÓLERA


La epidemia de cólera de 1885 fue la más mortífera que recordaría la ciudad en el siglo XIX. En algo más de un mes segó la vida de 737 personas, cerca del 5% de la población. Pero Albacete no fue noticia internacional por aquella desgracia, fruto de la pobreza para combatir la enfermedad. La ciudad saltó a la prensa extranjera dos décadas antes, en 1965, porque se le acusó de envenenar al matrimonio Hoffmann, un profesor universitario y su esposa, naturales de Baviera, que murieron en Albacete. Sin embargo, el verdadero asesino fue el cólera.


ALBACETE Y EL CÓLERA
Imagen de la estación de Albacete. Fuente: http://www.spanishrailway.com
CUANDO EL CÓLERA Y ALBACETE FUERON NOTICIA INTERNACIONAL

El cónsul de España en Baviera tuvo que advertir al Ministerio de la Gobernación español que los periódicos informaban de una muerte misteriosa en Albacete. Es más, el Gobierno pidió a las autoridades locales que defendieran la dignidad de la ciudad. Y es que se llegó a decir que un médico envenenó al matrimonio Hoffmann por negarse ambos a pagar sus honorarios.

No faltó la apertura de un proceso judicial. Un militar cercano a esta familia, el teniente Frey, se desplazó hasta Albacete para acusar a las autoridades sanitarias de la muerte del matrimonio alemán. Todo el proceso lo relata con toda suerte de detalles el historiador José Manuel Almendros Toledo en el libro “Elías Navarro Savater: Una mirada a la sanidad pública en Albacete en la segunda mitad del siglo XIX”.

Almendros cuenta el motivo por el que los Hoffmann acabaron en Albacete, así como demuestra la inocencia de los médicos que los atendieron. De regreso a Madrid, el 26 de agosto de 1865, el matrimonio se bajó en la estación porque, ya enfermo, necesitaba atención médica.

Ambos llegaron, ya contagiados, a una ciudad asolada por el cólera, en la que los servicios sanitarios estaban desbordados. Ella murió en una pensión y él en el hospital de coléricos, ya que el médico que los atendió determinó que la esposa había muerto víctima de la epidemia y que él también era portador.

Se llegó a decir que los habían tratado con el mayor descuido e incluso que un médico había envenenado al doctor Hoffmann con una píldora.

Pero el caso es que a Albacete siempre le llegaba el cólera por la estación de tren. Si en 1865 pudo llegar de la mano de un militar que viajaba con dos sobrinas enfermas, en 1885 el origen fue un matrimonio, vecino de la calle San Agustín, que habría contraído la enfermedad en los baños de Archena. Almendros da detalles de cómo el cólera se extendía entre los pobres, que carecían de los medios de desinfección que aconsejaban los médicos.

Proliferaron bulos como los del asesinato de los Hoffmann, con calado internacional, pero también remedios sin fundamento, fruto de la charlatanería. Gran parte de la población no podía costearse los productos de las farmacias, por lo que se optaba por rezar en lugar de desinfectar las casas víctimas del cólera.

Con la colaboración de

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