EL ENCUENTRO DE SEBASTIÁN MORENO CON CARLOS BELMONTE


La proliferación de rascacielos, en una ciudad llana, la Nueva York de la Mancha, que decía Azorín, sólo se paró en sus cuatro años de alcalde: Además de la especulación, también lo atribuía a un ansia de epatar, una cosa bastante pueblerina. “Si lo hacen en Benidorm, ¿Por qué no aquí?”




Fue un gran alcalde de Albacete. Hoy da nombre a un estadio

MI ENCUENTRO CON CARLOS BELMONTE

Los futboleros ligan, con cierta lógica, su nombre y apellido a ambientes futbolísticos. El estadio de Albacete es el Carlos Belmonte, donde juega el Albacete Balompié y donde mi amigo Emilio, “Parrita el del Bombo” vivió jornadas históricas dando zambombazos. Pero Carlos Belmonte, arquitecto, no tiene nada que ver con el fútbol, fue uno de los mejores alcaldes que tuvo Albacete, durante cuatro años hasta 1960. En 1959 él diseñó este estadio y lo situó sobre unos terrenos cedidos por la teniente de alcalde de la capital Carmen Falcó García-Gutiérrez. Eran otros tiempos. Esto lo coge un Pujol…

Tuve una larga entrevista con Carlos Belmonte -no se me escapó uno en mi época albacetense- en la que me rindió cuentas de su gestión municipal, durante el franquismo. Entre las múltiples cuestiones tratadas en la que mas incidí fue en la del desastroso urbanismo que luce Albacete, plagado de rascacielos sin control -la “Nueva York de la Mancha” que decía Azorín-, levantados en un terreno llano como la palma de la mano.

Recuerdo que el edificio donde me recibió, en su estudio de arquitecto, en la Avenida de Rodríguez Acosta, era la zona donde para más sarcasmo había crecido la mayor y más descarada imagen de un urbanismo desordenado. Se lo señalé. “Creo que este edificio en el que estamos -decía- es el único de la Avenida que respeta el plan de ordenación”.

Fue un alcalde como de transición, sin significación política, algo que en el franquismo era un riesgo. “En cuatro años de alcalde -me decía- no mencioné en ningún discurso al Jefe del Estado”.

Foto del facebook de Fotos Antiguas de Albacete 2.0
Su política se centró en cuestiones culturales -la especulación como decía, ya venía desde 1932, cuando se construyó el edificio Legorburo-, pero se paró la fiebre de las alturas: “Me propuse exclusivamente levantar la cultura de Albacete, por la razón que dijo Ramón y Cajal, que el problema de nuestro pueblo, como el de todos, es un problema de cultura. Mis obras buenas o malas, son fundamentalmente para la cultura de Albacete. Todo lo que hice fue, más o menos, de creación cultural: 58 escuelas, la Escuela Normal del Magisterio, La Sociedad de Ampliación Cultural, los Festivales de España y el Campo de Deportes".

En urbanismo sólo construyó 17 kms. de colectores, la Avenida de La Mancha y la de Pío XII, poca cosa. Criticaba el desmadre urbanístico de los rascacielos más que por especulación -en la postguerra la ciudad muy extendida no podía ser atendida en servicios por el Ayuntamiento- lo achacaba más por afán de empatar: “La gente se planteó, si lo hacen en Benidorm, ¿por qué aquí no? Un plan pueblerino de querer ser más. Eso es lo que ha hecho que Albacete esté así”.

Un desastre.


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