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lunes, 14 de enero de 2019

PEDRÉS:"DESCUBRI EL GUSTO POR LLEVAR LOS TOROS LARGOS Y TEMPLADOS EN EL CAMPO"

Estos últimos días el semanario taurino Aplausos, en su portal web ha publicado un reportaje-entrevista con el maestro Pedro Martínez Pedrés, en la cual rescata diversos extractos de varias de las entrevistas que el director de la publicación semanal , José Luis Benlloch, ha podido realizar al maestro manchego en los años que lleva dirigiendo la revista taurina.



Fuente: José Luis Benlloch para Aplausos

“Fue torero de ferias grandes bajo dos personalidades muy dispares. Fue pasión pura y fue técnica depurada. Necesidad y cálculo” tengo escrito sobre Pedrés. Justo lo que marcaba el reloj de la vida. Ya saben, a cada edad le corresponde ineludiblemente un toreo y hasta aquel chavalote serio y tenaz que dejó Almacenes Amando donde trabajaba para irse a la conquista de su futuro, tuvo que someterse a la lógica vital y artística: primero el corazón y luego la cabeza, y, como la argamasa que lo cosía todo, la personalidad. Fue capaz de dividir su tierra por la mitad cuando todavía era novillero recién llegado, de tal manera que en Albacete, en los albores de los cincuenta, se era de Montero o se era de Pedrés. Fue, por todo ello, el primer eslabón de una escuela, la manchega, que tuvo ilustres continuadores dentro y fuera de sus lindes. Fue también el primero -junto a su amigo/competidor Montero- que enarboló la bandera de la tierra e incendió el orgullo patrio; con él, en justa correspondencia, ser de Albacete comenzó a ser una seña de identidad con crédito. En esa evolución artística acabó descubriendo y conquistando su terreno en la plaza, el que durante mucho tiempo se dijo que era el terreno del toro, justo donde él se sentía a gusto, y naturalmente acabó teniendo su sitio en la vida. “Fue, es, un personaje. Socarrón, hombre de amplio escuchar y breve hablar, de una sola palabra y recto proceder, buen inversor y amigo de sus amigos” escribí sobre Pedrés en la última de las varias entrevistas que tuve ocasión de hacerle.

Ahora, pasados los años, cuando el ciclo vital estrecha las distancias como se las estrechó Pedro al toro, hemos entendido que es de justicia rescatar aquellas charlas de entonces para que los más jóvenes sepan quién fue Pedrés, el primer eslabón de lo que luego fue una escuela y una forma de entender el toreo que setenta años después sigue vigente: un toreo en las cercanías, ligado y despacioso. La charla ya no es posible, el maestro por esas aristas que tiene la vida no puede expresar los sentimientos que sí transmite su mirada. Escucha, sonríe, te estrecha la mano con ternura en cuanto tiene ocasión…

Las paredes y las vitrinas de la casa de Ferraz resumen los momentos más destacados de su carrera. El vestido de su presentación en Madrid, un rosa que fue su color preferido desde entonces, hasta tal punto que lo eligió como parte de la divisa de su ganadería; el azabache del luto que le guardó a su madre; las pitilleras de la época que le regalaban en los muchos festivales de lujo en los que participó; cabezas de toros, desorejados naturalmente…; el cartel de la pedresina según la versión de la misma que hizo otro maestro, Juan Reus; la foto de aquel encuentro formidable con Juan Belmonte nada menos o la de una charla con Rafael el Gallo al que Pedro mira con devoción y los trofeos de sus éxitos más destacados, un cuadro de Benjamín Palencia... es la estancia más íntima de una figura del toreo que sigue amando el toreo. De un encuentro anterior rescato un fragmento de la entrevista, imprescindible para entender al maestro de Albacete.


-¿Hubo dos Pedrés?

-Yo creo que sí, sí, seguro.

“El Pedrés de la primera etapa era la inocencia. Mi única noción era arrimarme y quedarme quieto. Que pasase el toro, por donde fuese, pero que pasase. Y yo quieto. Aquel no saber qué iba a hacer no sabes cómo impactaba en el pueblo. Transmitía riesgo”

-Recordémoslos.

-El de la primera etapa era la inocencia, el querer ser algo en la vida por encima de todo. Mi única noción era arrimarme y quedarme quieto. Que pasase el toro, por donde fuese, por delante o por detrás, pero que pasase. Y yo quieto. Era como si tuviese prohibido moverme. Esa fue mi primera época y creo que la más bonita de mi vida.

-Como receta eso es muy duro, muy difícil.

-No. No porque era lo que quería. Además, aquella inocencia, aquel no saber qué iba a hacer, no sabes cómo impactaba en el pueblo. Transmitía riesgo. No sabía pero me salían las cosas y eso lo hacía todo más fácil.

-Y en la reaparición llegó otro Pedrés.

-Que también impactó mucho. Fue el de las tres orejas de Sevilla, el Pedrés de Madrid, donde después de cinco pinchazos me dieron una oreja. En ese tiempo llevaba los toros muy largo y muy despacio. Había aprendido a torear mejor.

-¿Cómo surgió ese nuevo Pedrés?

-Cuando me retiré compré la finca de Salamanca y comencé a torear todos los días. Era lo que más me gustaba. Había días que toreaba por la mañana y por la tarde. Los amigos lo sabían y me llamaban, me invitaban a todos los tentaderos. Gozaba como nunca y descubrí el gusto por llevar los toros largos y templados.

-Es una buena explicación.

-Después de un triunfo en Palma de Mallorca se lo conté a Juanito Belmonte, que había estado viéndome en la plaza y al acabar vino a felicitarme. Me dijo que a su padre le pasaba lo mismo, que cuando se retiraba toreaba a diario en el campo, más incluso que cuando estaba en activo, y que por eso volvía a las plazas siendo aún mejor de lo que había sido.

-Tengo la sensación de que te gusta más el primer Pedrés.

-Sí, sí. Era más impulsivo. No me importaba que me cogiese el toro. De verdad. Solo me importaba ser algo en la vida. Era lo único que contaba.

“Todos los toros no te dejan que le pongas el paso pero al que te deja, si eres capaz de hacerlo, hay que hacérselo. Te haces rico en cuatro días. Hoy día se les pide a los toreros que den distancia y eso acaba en el unipase. Das uno aquí y otro allí. Eso no es. El toreo es aquí te pillo aquí te mato. Ese es mi concepto”

-Ya.

-Mira, había muchos toreros que se arrimaban mucho y que hacían el toreo muy bien. Así que para llamar la atención había que ir un pasito más allá que los otros. Y eso significaba, por ejemplo, cruzarse más que los demás. Esa era mi obsesión. Y gracias a Dios aquello funcionó.

-¿Esa era tu técnica, cruzarte?

-Cuando el hombre está dispuesto ni hay terrenos ni hay nada. Ni cabe hablar de técnica. Con ese estado de ánimo puedes con todo. Y vale todo. Y si no tienes ese ánimo sobra todo.

-Tú eras muy amigo de ponerle el paso a los toros.

-Todos los toros no te dejan pero al que te deja, si eres capaz de hacerlo, hay que hacérselo. Te haces rico en cuatro días.

-Hoy día se les pide mucho a los toreros que den distancia.

-¡Oh, no! eso acaba en el unipase. Das uno aquí y otro allí. Eso no es. El toreo es aquí te pillo aquí te mato. Cuantos más y más seguidos mejor. ¿Por qué crees que El Cordobés tuvo el triunfo que tuvo?… porque los pegaba todos seguidos, a su manera pero seguidos. Y eso se logra poniendo el paso o no quitándolo. Bueno, ese es mi concepto.

Puede leer la entrevista completa en www.aplausos.es 

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